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CIUDAD DE MÉXICO, México, nov. 3, 2005.- Terminó la fiesta del Día de Muertos y con ella se retiran también las ofrendas para los difuntos, en todo nuestro país.
Terminó el olor a cempasúchil y los aromas a copal e incienso que se encontraban en todas partes.
El Zócalo capitalino no fue la excepción, ya que poco antes de la media noche de este miércoles, cientos de trabajadores de las delegaciones y del gobierno del Distrito Federal comenzaron el desmantelamiento de la magna ofrenda en la Plaza de la Constitución.
El olor a pan de muerto que estuvo presente en esta muestra, también desapareció, al ser desmontados los dos hornos que habían sido colocados en la esquina noroeste del Zócalo.
El tranvía con destino a Mictlán, también partió pero montado en una plataforma, remolcada por un trailer.
Luego de retirar las figuras, un centenar de trabajadores apoyados con palas mecánicas, se apresuraron a desmontar el panteón y los restos de tierra, aserrín y paja que fueron utilizados en las ofrendas.
Y de pronto, una lluvia de calaveras sirvió de diversión a quienes de buen humor, realizaban su trabajo.
Lo mas difícil y tardado para desmontar, fueron los gigantescos esqueletos del centro de la plaza, que con toda organización y poco a poco, fueron quedando en “los puros huesos” desmantelados.
Terminado el desmontaje, entraron en acción los barrenderos. Cerca de las 4:00 de la mañana, entraban las barredoras para dejar relumbrante el Zócalo capitalino.