Visite el sitio especial de Diálogos por México CIUDAD DE MÉXICO, México, abr. 13, 2006.- Intensa actividad en la Catedral Metropolitana. Desde muy temprano, miles de fieles acudieron a la misa crismal.
El arzobispo primado de México, Norberto Rivera Carrera, bendijo los santos óleos que los sacerdotes de la ciudad usarán durante todo el año para los sacramentos.
En la misa se recordó que el Jueves Santo también es el Día del Sacerdote, por lo que el cardenal llamó a los obispos y presbíteros a mejorar su labor evangelizadora y la Santa Misa.
“Si no cuidamos y renovamos nuestras celebraciones eucarísticas en nuestra arquidiócesis, nuestro ministerio sacerdotal se secará, estamos secando una fuente de vida”, advirtió Rivera Carrera.
Extrañó a los sacerdotes asistentes el hecho de que el Papa Benedicto XVI no les enviara un mensaje, como lo hiciera el Papa Juan Pablo II durante su pontificado.
“Extrañamos esta carta del Papa Juan Pablo II que cada año nos ‘chiquiaba’, nos decía: estoy con ustedes”, comentó José de Jesús Aguilar, vocero del arzobispado de México.
“Era un estímulo muy grande para nuestra vida espiritual, en nuestra vida pastoral, sacerdotal, como que quedó ese vacío”, reconoció el presbítero Moisés Vigueras.
Al término de la misa crismal, un grupo de mariachis entonó “Las mañanitas”, en honor de los sacerdotes que celebraron su día.
Por la tarde, el cardenal Rivera encabezó la misa de la Cena del Señor. En su homilía, el arzobispo pidió a la comunidad católica a celebrar esta Pascua con un cambio verdadero de vida y no sólo apegarse a los ritos de los días Santos.
“Tampoco podemos quedarnos sólo en el rito. Para nosotros la Pascua también debe ser el paso del Señor por nuestra vida, el paso del hombre viejo al hombre nuevo, el paso de la esclavitud a la libertad, el paso de un modo de vivir a una vida nueva”, resaltó Norberto Rivera.
Después del mensaje, emulando aquel gesto de humildad de Jesús a sus discípulos, el cardenal lavó y besó los pies de 12 personas entre diáconos, seminaristas, miembros de la pastoral y acólitos.
Recordó que fue lavando los pies a sus discípulos cuando Jesús les enseñó un nuevo mandamiento: “Que se amen unos a otros, como yo los he amado”, dijo Norberto Rivera.
Minutos después, el arzobispo realizó una procesión llevando las hostias consagradas para depositarlas en el altar principal de Catedral, donde hizo una oración prolongada.