MORELIA, Michoacán, abr. 21, 2006.- El secretario de Seguridad Pública de Michoacán, Gabriel Mendoza Jiménez, presentó su renuncia al cargo al gobernador del estado, Lázaro Cárdenas Batel, luego del violento intento de desalojo en una siderúrgica, que culminó en la muerte de dos mineros.
A través de una carta, Mendoza Jiménez dijo que abandona el cargo por congruencia y dignidad, y aseguró que policías ajenos a su corporación fueron quienes detonaron las armas de fuego.
A continuación le presentamos íntegra la carta que Mendoza Jiménez envió al gobernador de Michoacán, Lázaro Cárdenas Batel:
Antropólogo Lázaro Cárdenas Batel
Gobernador Constitucional de Michoacán
PRESENTE Estimado señor Gobernador:
En atención a nuestra vieja amistad y al afecto entrañable que guardo hacia su persona, así como por el elemental respeto y congruencia que debo a mis principios y convicciones más profundas, escribo a usted esta carta para solicitarle se sirva, con fecha de hoy, aceptar mi renuncia irrevocable al cargo de Secretario de Seguridad Pública de Michoacán.
A lo largo de varios años –como usted sabe- he servido al proyecto de nación que postulamos, desde la lucha partidista o desde responsabilidades gubernativas, con la íntima convicción de que mi esfuerzo abonaba en la preservación de las libertades ciudadanas y la defensa del estado de derecho. Ya sea producto del azar o de mi naturaleza, siempre me ha sido encargado el manejo de situaciones de conflicto. Casos delicados, violentos incluso, en los que invariablemente he antepuesto la voluntad de diálogo al ejercicio de la fuerza del estado –así sea esta legítima- por una sencilla razón que la experiencia me ha demostrado: la fuerza, por sí sola no resuelve nada. Como prueba de ello, para nadie es un secreto que en cada acción de este tipo he ido al frente de mis subordinados. Nunca he procurado que se dañe a persona alguna, puesto que nunca he querido daño para mí o para quienes conmigo trabajan.
Durante los lamentables acontecimientos suscitados en el puerto de Lázaro Cárdenas, la fuerza pública de Michoacán acudió, en cumplimiento de un mandato legal, en apoyo de las fuerzas federales. Fue recibida con una lluvia de bolas de molino, que en esencia son esferas de acero del tamaño de una pelota de beisbol, acompañadas de bombas molotov, disparos de arma de fuego y el embate de tres maquinas retroexcavadoras usadas a manera de arietes. Por más de cuatro horas bregamos repeliendo, mediante gases lacrimógenos, una agresión excesiva de parte de una fuerza muy superior en número, que nunca cejó en su empeño y que tampoco mostró signos de suspender las hostilidades para dialogar. A estas alturas, muchos obreros y policías resultaban heridos y fui informado de que por desgracia dos personas habían muerto en el enfrentamiento. A pesar de que en mi calidad de responsable del operativo ordené expresamente que no se portaran armas de fuego para la acción, algunos elementos de una corporación distinta a la que encabezo recurrieron a ellas, como recurso desesperado, en la creencia de que disparándolas al aire provocarían un repliegue de los agresores, quienes prácticamente estaban por masacrarnos. A partir de que sonaron las detonaciones y a efecto de que las cosas no salieran de control –más de lo que ya estaban- me comuniqué con usted para solicitarle permiso de ordenar la retirada. Nunca dudé que era mejor abandonar el sitio antes que propiciar que policías estatales y federales murieran a manos de la turba, o peor aún: antes de que muchos obreros cayeran abatidos por las balas de representantes de la ley que se sentían aterrorizados y actuaban en defensa de sus vidas.
Ante los hechos consumados, de nada valen justificaciones o pretextos, sólo vale, por el bien de todos, que se realice una investigación exhaustiva y se proceda conforme a derecho si existen responsabilidades. Mi compromiso, como siempre, es que sabré asumirlas.
Tengo como orgullo mayor el haber servido a mi país bajo una forma distinta de gobernar, democrática, sensible y preocupada por el bienestar de la gente. Una forma de gobernar que ha hecho de la honestidad, la lealtad y el valor civil su mejor arma. La conducta de usted y de muchos de nuestros compañeros me ha enseñado que, pase lo que pase, siempre hay que dar la cara. Por dignidad personal y por congruencia con nuestra lucha, me separo del cargo que hace ya dos años me confiriera. No podría jamás permitir que mi presencia sirviera para tachar al gobierno democrático de represor o de asesino. Mucho agradezco a usted la confianza, el apoyo y el afecto que invariablemente me ha brindado. Mucho también, la oportunidad de hacer de Michoacán un lugar mejor, donde estas tristes situaciones nunca vuelvan a ocurrir.
Reciba mi fraternal cariño.
Gabriel Mendoza Jiménez