COLIMA, México, sep. 18, 2006.- Seis personas soportaron 17 horas sobre una camioneta volcada en medio de la violenta corriente del río Armería, en Colima. Todos sobrevivieron. El riesgo fue grande porque en cualquier momento había la posibilidad de que el nivel del agua creciera y los arrastrara. En medio de los rápidos de agua por la crecida del río, los seis pedían con señas que los rescataran.
El accidente ocurrió el pasado viernes alrededor de las 12:30 horas, cuando Reynaldo Ochoa, su esposa Lucina Rebolledo y otras cuatro personas, regresaban de trabajar en el campo y se dirigían hacia la comunidad Madrid, en Tecomán, Colima.
Sobre la carretera había un vado que estaba cubierto de agua, pero permitía el paso. Al ir sobre el vado, aumentó la corriente y arrastró la camioneta hasta el río y se la llevó con los seis ocupantes.
El vehículo fue arrastrado por la corriente. Las seis personas lograron subirse sobre el toldo que quedó sobre la superficie. Luego fue arrastrado unos 40 metros más adelante y quedó llantas arriba. Nuevamente lograron ponerse a salvo sobre la camioneta.
Llegó la noche... y la madrugada... y fue hasta las 05:15 horas del sábado cuando llegaron dos máquinas pesadas a bordo de tráileres desde la ciudad de Colima para el rescate.
Entraron a la corriente y se desplazaron hasta llegar a las personas accidentadas y rescatarlas.
“Fue un milagro”, dijeron el señor Reynaldo y su esposa Lucina.
“Fue la noche más larga, yo creí que no iba a amanecer nunca”, comentó la señora Lucina.
“Yo pensé que rápido nos iban a sacar de ahí, por eso no hicimos el intento nosotros a nada”, relató Reynaldo.
“Cuando entró la máquina para salvarnos se acercó como a tres metros de nosotros, la camioneta se nos volvió a voltear, mi esposo cayó al agua, yo no sé, como pudo se agarró de los fierros”, narró Lucina.
“Sí, me alcancé a agarrar del fierro de la camioneta y subí para arriba otra vuelta”, contó Reynaldo.
El rescate no fue fácil. Una señora expresó: “volvimos a nacer”, y otro señor: “un escarmiento para otra vez...” al descender de la máquina que los salvó.
“Sentí pues emoción, hasta se me salieron las lágrimas”, dijo Gamaliel, operador de la máquina que rescató a la familia.
Hoy, sanos y salvos, prometen no desafiar a la naturaleza.
“A no volver yo creo a meter, yo creo ni porque esté seco ya...”