CIUDAD DE MÉXICO, México, mayo 5, 2007.- El secretario de Gobernación, Francisco Ramírez Acuña, respaldó el llamado a la unidad que el presidente Felipe Calderón hizo en Puebla para enfrentar a la delincuencia organizada. Sobre la propuesta de legalizar las drogas sostuvo que ello no soluciona el narcotráfico; "las drogas y el narcotráfico son un flagelo para los mexicanos y hoy tenemos un presidente y unas instituciones que están dando la respuesta a ese problema".
Aseveró que no se puede perder la guerra contra el narcotráfico porque fracasarían todos los mexicanos y por ello en el país se tiene un presidente e instituciones para atacar ese fenómeno.
Entrevistado en el marco del Juramento de Bandera de personal del Servicio Militar Nacional clase 1988 en el marco del 145 aniversario de la Batalla de Puebla, reconoció que la lucha contra el crimen organizado costará mucho dinero y muchas vidas.
Luego de presidir la ceremonia en el Campo Militar Marte señaló que los operativos implementados en diversas entidades del país han permitido recuperar territorio para los mexicanos.
"Por eso es importante el llamado que hizo el presidente (Felipe Calderón) en Puebla de que unamos esfuerzos para hacer frente al crimen", destacó el funcionario federal.
Ramírez Acuña expuso que en esta guerra la ciudadanía debe jugar un papel importante denunciando a los delincuentes y exhortó a los padres de familia a estar atentos a las actividades de sus hijos.
Indicó que la lucha contra el crimen organizado no sólo es del Ejército, ya que en ella también participan la Secretaría de Marina, la Procuraduría General de la República (PGR), las procuradurías estatales y la Secretaría de Seguridad Pública Federal, entre otras instituciones.
"El presidente Felipe Calderón, con una gran decisión, voluntad, esfuerzo y una gran visión de Estado, está atacando a la delincuencia organizada", recalcó.
El titular de Gobernación reconoció que se esperaba una respuesta fuerte del crimen organizado, como ha ocurrido en otras partes del mundo, por lo que en México no podía ser diferente.