CIUDAD DE MÉXICO, México, ago. 2, 2002.- Pensaron que no verían al Papa Juan Pablo II.
Pero les cumplieron.
Rosy, una de las niñas de la calle reubicada en “Casa Alianza” narró: "no pude hacer nada, se me puso la piel chinita y me dio mucha emoción cuando lo vi".
Niños en situación de calle que dormían en la Plaza de Solidaridad o en monumentos en Reforma, fueron retirados días antes de la visita del Papa Juan Pablo II.
Ricardo Camacho, director de “Casa Alianza”, explicó por que reubicaron a los menores de las calles: "había adultos manejando jóvenes y niños, vendiéndoles droga, el activo que ellos le llaman".
La visita del Santo Padre los reconfortó.
"Estuvimos muy emocionados porque no lo habíamos conocido, fue una gran emoción conocer al representante de Dios", comento Juan, otro niño de la calle.
Algunos vivieron en la Plaza de la Solidaridad por más de nueve años, ya les habían avisado que tenían que desalojarla.
Ahora estos jóvenes viven en casas hogar, vieron al Papa, lo que dicen, quizá les sirva para olvidar la calle.