COMPRAS Adquiere el libro 'Guerra contra Irak', de William Rivers Pitt CIUDAD DE MÉXICO, México, oct. 10, 2003.- El vaso medio lleno: 40 mil polícías más protegiendo las calles, 13 mil proyectos de construcción, mil 500 escuelas renovadas, 22 millones de vacunas y 5 mil conexiones de Internet. Medio vacío: no se trata de México, sino de Irak luego de los destrozos que dejó la invasión estadounidense hace exactamente seis meses de la caída de la estatua de Saddam.
A más de 180 días que Estados Unidos libró al mundo de un gran tirano, aún faltan por encontrar las armas de destrucción masiva y, pequeño detalle, al villano en cuestión.
Ahora imagine que las autoridades le piden un dinerito extra. La módica cantidad de 86 mil millones de dólares para terminar la tarea que muchos cuestionan porqué siquiera empezó. Ese es el debate que enfrenta hoy día el Presidente del vecino del norte.
Para darle una idea. Cerca de 86 mil millones de dólares es lo que cuesta a México la deuda del rescate bancario, el controvertido fobaproa, con el que todo recién nacido mexicano nace endeudado.
Y eso no es todo, tan sólo una cuarta parte se destinará a la reconstrucción de Irak, el resto es para financiar la presencia militar estadounidense allá.
Es decir, 60 mil millones de dólares, una décima parte de todo lo que produce nuestra economía, para sostener a unos 140 mil soldados, no 100 millones de mexicanos.
Pero vea la ironía, en contra de toda lógica los soldados la pasan mal. Además de que se juegan la vida, no les dan para comprar el boleto de avión directo para visitar a su familia y en caso de accidentes de guerra, se les cubren gastos médicos, pero definitivamente no hay con qué pagarles sus alimentos mientras están hospitalizados.
Así, ni quién dude que el mundo esta al revés.
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