CIUDAD DE MÉXICO, México, dic. 11, 2003.- Tomar la decisión de no apoyar a Estados Unidos en la guerra contra Irak fue una decisión difícil de tomar para muchas naciones, sobre todo, para aquellas que habían sido aliados claves de Washington como Francia. Sin embargo, era mejor que decir sí a un ataque contra el país árabe. Más de uno se preguntó si esa decisión que George W. Bush consideró una traición, tendría alguna consecuencia. Pues sí, las tuvo, las tiene y las tendrá, sobre todo, en el ámbito económico.
El gobierno de Estados Unidos fue muy claro y contundente: las compañías de los países que se opusieron al reciente conflicto no van a ser consideradas en ninguna licitación para los contratos de la reconstrucción de Irak. El encargado de anunciarlo fue el secretario de Defensa de Estados Unidos, Paul Wolfowitz.
Lo que dijo Wolfowitz fue que para la postulación a los 26 contratos más importantes, cuyo valor se calcula en más de 18 mil millones de dólares, habrá restricciones. Una principal: que sólo podrán ser adjudicados a empresas estadounidenses, iraquíes o de los otros 63 países que sí apoyaron la guerra. Esto significa que excluyen por completo a empresas francesas, alemanas, canadienses y rusas.
Los expertos, aún antes de que iniciara la guerra, aseguraban que el futuro de muchas empresas en el mundo estaba precisamente en la reconstrucción de Irak donde -hoy en día- los contratos más importantes incluyen áreas como petróleo, electricidad, comunicaciones, agua, vivienda y centros de trabajo públicos.
Hoy en día, el principal contratista en Irak es la corporación Bechtel, la constructora estadounidense que tiene un contrato para reconstruir la infraestructura iraquí por un valor de mil millones de dólares, y el otro gran contratista es Kellogg, Brown & Root, una subsidiaria de la compañía petrolera Halliburton.
Y contra empresas como éstas tendrían que competir por los contratos empresas de los países siguieron a Estados Unidos como El Salvador, Honduras, Nicaragua o Panamá, por no mencionar a las naciones africanas.
Estados Unidos reconoce que el botín es millonario, y por eso espera que las compañías de las naciones excluidas presionen a sus gobiernos para unirse a los esfuerzos estadounidenses, sólo entonces, podrían colaborar en la reconstrucción de Irak, pero eso en todo caso significaría un cambio de opinión y de política con respecto a una guerra -y a una ocupación- que aún hoy muchos países no están dispuestos a apoyar, ni siquiera a cambio de los contratos.
Por ahora, la Unión Europea investiga si esta exclusión de los contratos para reconstruir Irak viola las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), ya que sus normas estipulan que las licitaciones públicas no pueden ser discriminatorias en función de la nacionalidad de la empresa.