CIUDAD DE MÉXICO, México, ene 6, 2003.- Tienen entre 13 y 17 años de edad. Ellos no pueden ver películas clasificación C, pero las ven; no se les debe vender alcohol ni cigarros, pero consiguen; no pueden votar pero algunos ya sacaron credencial de elector. Los antros son un mundo vetado a los menores. De lo que pasa ahí adentro sólo sabrán cuando alcancen la mayoría de edad. Aunque muchos no prefieren esperar.
“Varios amigos que tengo tienen credenciales de elector falsas y así entran a cualquier lugar”, comenta Rodrigo con credencial del IFE en mano.
Por su parte, Roberto menciona: “Lo que pasa es que yo tenía muchas ganas de ir a un antro y no me dejaban pasar porque me veía muy chico, entonces un amigo me dijo que en Santo Domingo falsificaban las credenciales de elector”.
Santo Domingo es el lugar donde se vende y se compra la mayoría de edad. Donde se ofrece y se consigue hasta lo imposible, siempre que se puede imprimir.
Si los adolescentes dan fácil con él, ¿por qué la autoridad no?
“Yo iba caminando, no me acuerdo de la calle, estaban chavos parados, te dicen, te van ofreciendo documentos falsos, credenciales de elector, facturas, muchos documentos oficiales”, afirma un joven.
Los datos que se requieren son fáciles: nombre completo, dirección, ubicación geográfica, código postal y todo lo demás.
Después de tomar la información que llevará la credencial, en pleno Centro Histórico se encuentra el lugar de trabajo en el número 13 de la calle de Brasil.
En la planta alta del inmueble se encuentra el estudio donde se tomará la foto para completar la falsa identidad.
El sujeto asegura que en dos horas, en ese mismo lugar, se entregará la credencial.
“A mí me dijeron que estaba como en mil, mil quinientos pesos más o menos, o sea es depende de la calidad, hay unas que son muy aguadas, otras que son muy reales”, comenta Alejandro.
Pero no importa como se vean, todas son falsas y suponen un delito.
“Con cierta frecuencia tenemos noticias de intentos de falsificación... es necesario darle elementos para que la hagan inviolable”, asegura Alberto Alonso, director del Registro Federal de Electores.
Para ello, la credencial para votar cuenta con catorce candados de seguridad. Algunos se perciben bajo luz negra, otros se revelan sólo ante los ojos de una lupa y otros más están escondidos.
Pero aún con candados las falsificaciones se multiplican y el fenómeno se da hasta en el interior de los hogares.
¿Pero para copiarla, cómo se realiza el proceso?
Se toma una original y se escanea, se le cambia el nombre, se le pone una foto y ya, la identidad falsa está lista. Razonablemente burda, pero suficientemente verosímil para entrar a cualquier lugar.
“Sólo llegas y te dicen tu credencial, y ya la enseñas así como la cartera y si es falsa, ni se dan cuenta a veces”, explica Alejandro.
Tan sólo algunos empresarios han reforzado sus controles, pero a veces es insuficiente.
Víctor Mendoza, dueño de un centro nocturno comenta: “Se utiliza una lámpara de luz negra con eso básicamente nos damos cuenta de los hologramas... ya falsificaciones más profesionales sería difícil que nos diéramos cuenta”.
Pero mientras la credencial sea falsa, cualquier fiesta se puede convertir en pesadilla.
“Casi el sesenta por ciento de las denuncias que nosotros recibimos es referente a alteración de credencial de elector o expedición ilícita de credencial de elector”, afirma María de los Ángeles Fromow, fiscal especializada para la Atención de Delitos Electorales de la Procuraduría General de la República (PGR).
Se trata de un delito federal. Incluso para los menores de edad que deberán responder ante el Consejo Tutelar por este hecho.
“Mi mamá sí la vio pero le dije que era así nomás para un trabajo, pero sí me regañó, me dijo que no estuviera haciendo mal uso de los scanners”, comenta Roberto.
Un regaño es lo de menos. Porque aunque cabe en una cartera nunca deja de ser un delito.