CIUDAD DE MÉXICO, México, ene. 8, 2004.- Angélica Jiménez, quien antes era agente de seguros de vida, buscaba la forma de dar obsequios a sus clientes de una forma original. Tuvo la idea de regalar una vajilla, pero consideró que los colores eran muy planos.
Comenzó a decorar la vajilla con pinturas y tomó la decisión de sacarle "jugo" a esa idea: que el arte se pudiera apreciar hasta en la mesa de un comedor
Se unió con estudiantes de arte para plasmar pinturas de autores famosos en vajillas de cerámica, con la finalidad de crecer como empresa, y al mismo tiempo que los jóvenes solventen sus estudios.
Pinturas de tierra, pinceles, alcóhol, algodones y un gran talento son suficientes para la creadora en su arte de realizar trabajos manuales, en honor a los pintores conteporáneos y a los nuevos pintores mexicanos.
Obras como "Las señoritas de avignon, de Picasso; "El grito", de Eduard Munch y "El desnudo Azul", de Matisse, lucen en platos, tazas y floreros .
Además, no sólo se pinta, sino que es cuestión de llevar un riguroso proceso de elaboración.
"El terno es el plato con la taza, tomamos un fragmento de esa pintura, la pintamos y posteriormente se lleva al horno, el horno se quema a 800 grados y después de dos o tres horas la sacamos y la pieza queda terminada, directo para la tienda ", explicó Angélica Jiménez, creadora de esta idea.
Asegura que se ha logrado que los jóvenes plasmen pinturas famosas y promuevan sus propias obras en las vajillas .
Un ejemplo es Victoria Karmín, quien ya tiene alrededor de diez creaciones con apenas dos años de experiencia .
"Se llama "la suicida", la hice hace como seis meses. La idea es que obras como ésta, plasmarla en un florero o jarrón para que se viera bien y luego venderlo; se necesita mucha disciplina, mucha sensibilidad", comentó la pintora.
Sensibilidad que no se pierde al tener un punto de inspiración .