CIUDAD DE MÉXICO, México, ene. 12, 2004.- Si le contamos que en la Gran Bretaña hay un psicólogo que cobra más de 500 dólares por sesión, seguramente le parecerá caro. Si le decimos que es un médico que ha contratado la familia real, pues le parecerá que es un lujo que ellos se pueden dar. Pero, ¿qué pensaría usted si le decimos que el paciente del renombrado doctor será una perrita que goza de atacar al que se le ponga enfrente?
Se llama Florence y es la mascota de la princesa Ana. Unos días antes de la Nochebuena, le estropeó las fiestas a la reina Isabel, porque mató a mordidas a su perro favorito. No satisfecho, también se le lanzó a mordidas a una empleada de su majestad.
Muchos pensaron en la inyección letal para poner punto final a los ocho años de vida de este agresivo bull terrier. Sin embargo, hoy en día cada vez hay más intentos para tratar y entender mejor a las mascotas, en especial a los perros, así que la realeza acudió a un profesional que por medio una terapia conductiva, tratará de reeducar al feroz ejemplar canino para que deje de morder.
Roger Mugford, psicólogo de animales y fundador del Centro de Comportamiento Animal, en la localidad inglesa de Surrey, ha tratado a miles de animales con problemas de conducta: desde un oso polaco aquejado de enamoramiento febril, hasta otra perrita bull terrier de nombre Dotty, que hace dos años atacó a mordidas a dos niños de 7 y 12 años que paseaban en bicicleta.
Y ¿qué cree?, que resulta que esta perrita Dotty es la hermana pequeña de Florence y también le pertenece a la princesa Ana.
Por supuesto que para la Princesa los servicios de este reputado especialista no representa un problema de dinero, ya que aparte de su jugosa fortuna personal, recibe cada año de manos de su madre -la Reina- una ayuda económica de 350 mil dólares. Claro que hay muchos británicos que no les interesa el balance mental del perro, pero sí les preocupa si parte de los impuestos que pagan y que se destinan a la Corona, no van a dar al bolsillo de un psicólogo canino.
La salud mental de Florence no tiene precio y su caso -aparentemente- sí tiene cura, ya que sólo se trata de un perro que se muestra molesto y para determinar la causa de su molestia le hará ciertos exámenes médicos para determinar porqué su comportamiento no cuadra con su carácter.
Posteriormente se supo que el doctor se centrará en hacer entender a Florence que no es bueno morder y a enseñarle a la perra a dar salida a su agresividad sin necesidad de usar sus colmillos.