CIUDAD DE MÉXICO, México, ene. 13, 2004.- Fue en 1985 cuando en Gran Bretaña, por primera vez, se registró el mal de las “vacas locas”, también conocida como encefalopatía espongiforme bovina. La causa: alimentar al ganado con huesos triturados, con harinas cárnicas para una engorda rápida y barata. El comercio voraz había cambiado la cadena natural alimenticia de las reses y había ocasionado una epidemia que sólo en Europa, en casi 20 años, ha provocado el sacrificio de más de 40 millones de reses.
Hoy en día, el mal de las “vacas locas” se ha extendido con distinta fuerza a: Irlanda, Portugal, Francia, Alemania, Italia, España, Dinamarca, pero además a Japón, el sultanato de Omán y a Estados Unidos. Tres reses importadas de Alberta, Canadá fueron descubiertas en Washington y fueron suficientes para detener 2 mil contenedores con 32 toneladas de carne que se han quedado congeladas en puertos de exportación.
Y es que 40 naciones han cerrado sus fronteras a la importación de carne de Estados Unidos, afectando un mercado anual de 38 mil millones de dólares. La gran inquietud, además del comercio, es sobre la salud humana.
¿Cómo afecta al ser humano comer carne infectada con el mal de las ‘vacas locas’?. Los científicos hablan de un mal similar: la enfermedad de Creutzfeld Jakob. Desde 1993, 137 personas han muerto de este padecimiento en Gran Bretaña, país que en casi 20 años ha registrado 170 mil casos de ‘vacas locas’.
Ante esto, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos ha adoptado distintas medidas. La primera: prohibir que reses enfermas sean destinadas al consumo humano; la segunda: un mayor control en las supervisiones sanitarias.
Lo más reciente, es que ministros de Agricultura de Estados Unidos, Canadá y México se van a reunir la próxima semana, para definir qué pasos seguir en el mercado de la carne de res. Y es que antes de diciembre del 2003, México y Canadá eran los principales consumidores de carne de res, procedente de Estados Unidos.