CIUDAD DE MÉXICO, México, ene. 20, 2004.- No todo es malo en el Tepito de los operativos, los ambulantes, la piratería, las drogas y las armas. Hay otro que comparte el mismo espacio, que late en la misma frecuencia, pero con cara de sueños reflejada en niños y artistas. Su forma de brindar otro rostro, es el de las tradiciones. Aquellas que confirman su identidad y memoria cuando son parte del “Coro de los Niños Cantores de Tepito”.
“No es tan feo como dicen por ahí, y sí, está bonita la vecindad. Si no conocen, si no vienen, si no conocen a la gente, cualquier cosa van a decir, ¿no?”, afirma Liz Mirel, niña cantora de Tepito.
Vocalización, solfeo, arreglos musicales permiten emerger del contexto a esos niños de la violencia.
"Para que la gente que sea mala y eso, que nada más le hace daño a la gente, que también se nutra de esto", expresa Liz.
El coro sólo tiene cinco integrantes, pero hay lugar para 30 más. Treinta más niños del barrio, que de acuerdo a la percepción de Dulce García, niña cantora, podría resultarles muy interesante.
Aún cuando están acostumbrados a oír y ver de todo en el peligroso sitio, tienen otras aspiraciones, entre otras ser cantante o doctora, como confiesa Dulce.
Sólo han tomado tres clases, y van por más. A mediados de 2004 esperan tener su primer repertorio, con canciones folklóricas, populares, salsa, y sonidos afrocaribeños.
La participación es gratuita, sólo se necesita tener entre nueve y 11 años.
Practican en la Galería "José María Velazco" que está en la calle de Peralvillo, la cual absorberá los gastos del grupo con un presupuesto de 40 mil pesos para todo el año.
"Tepito tiene ya una tradición artística, hay muchos escritores, hay pintores, hay músicos, deportistas. Es de tradición", asegura Carlos Barajas, director del Coro.
Y así, con cuatro horas a la semana esperan demostrar que aquí no todo es malo y que su gente, a cualquier edad, responde para bien.