CIUDAD DE MÉXICO, México, feb. 5, 2004.- El grafitti es el trazo que deja un plumón, un pincel o una lata de pintura, en cualquier parte; pero ahora tiene otro contexto, con letras que llaman "bombas", dibujos japoneses, o códices prehispánicos. "Es una técnica más de las artes visuales, así como está la técnica de la lata, de la brocha, del óleo, de la acuarela, es una técnica más, lo que pasa es que se ha mitificado un poco", dijo Óscar Rivera del Colectivo Neza-arte-nel.
Mito que han impuesto los grafitteros ilegales. Pero ellos mismos, los clandestinos, también obtienen permisos para plasmar su arte, en todas partes, y dicen, no siempre el grafitti se mezcla con vandalismo y drogas.
"Es como el deporte extremo, los chavos buscan adrenalina, la mayoría de los chavos son de 16, 17, 18 años, es la plena edad donde tienen mucha energía, donde quieren expresarse, donde quieren hacer muchas cosas", señaló Rivera.
Aunque grafiteros como Manuel, aseguran que sólo están en contra del sistema:
"A mí, de mi parte, no me gusta pintar fachadas... ¿Por qué?... Porque no me gusta afectar a una persona del pueblo que si estamos jodidos, afectar de nuevo más, no me gusta.”
En el Metro, uno de sus espacios más recurridos, las autoridades dicen, han logrado disminuir las pintas hasta en un 90%.
Con operativos "anti grafitti", al interior y exterior de sus instalaciones.
En 2003, iniciaron 62 averiguaciones previas, con 139 detenidos.
En lo que va del 2004, se han iniciado ocho averiguaciones previas, con 10 remitidos.
Aunque personas como Alexander Traverse, Gerente de Vigilancia y Operación del STC Metro, dicen que sí se les han abierto espacios:
"Cuesta trabajo aceptarlo, pero son artistas muchos de ellos, pero el tren, no puede circular así.”
Un muro de 22 kilómetros lo demuestra. Son las paredes laterales externas de la línea "A" del metro, que corre de Pantitlán a La Paz. Proyecto que iniciaron con artistas visuales del Foro Cultural "Faro de Oriente".
Mural ensamble que combina técnicas para crear un grafitti, con motivos prehispánicos.
Para terminar con el mito de "la lata", y demostrar que sí hay espacios que deben ser aprovechados.