CIUDAD DE MÉXICO, México, feb. 10, 2004.- El ruido nos provoca sentimientos encontrados. A veces nos gusta si es música y estamos en un concierto o una discoteca; a veces nos parece insoportable si es el de los coches y los claxons en la calle. Nos enferma si se trata del barullo, cuando necesitamos concentrarnos y hasta nos puede llevar al borde de la locura si es música, pláticas, ruidos o rechinidos que interrumpen nuestro sueño, pues además de afectar nuestro estado de ánimo, el ruido también afecta la salud.
Convivimos con el ruido a diario, a todas horas. Hablamos del ruido entendido como sonido desagradable y no deseado que nos molesta pero que -además- provoca un elevado número de consecuencias negativas para la salud.
Es cierto que no hay mejor escenario que una tarde tranquila escuchando música clásica -o la que a usted le guste- pero a buen nivel, es decir, a un volumen considerable. Pero de ahí, a escucharla a todo volumen y a través de la pared del vecino, pues se suman los puntos de lo desagradable.
Dicen los expertos que el estado ideal es oír el trino de un pájaro, que emite apenas 10 decibeles. Pero de ahí a escuchar a diario el claxon de los coches, los escapes abiertos, el rugir de las motocicletas, las sirenas de las patrullas y los chiflidos de los peatones pues hay una diferencia extrema que supera hasta los 140 decibeles y ese es precisamente el umbral de dolor.
140 decibeles, ese el límite señalado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sus expertos señalan que durante el día se suele experimentar malestar moderado si nos sometemos a periodos prolongados de más de 50 decibeles, pero que el dolor se puede incrementar y no sólo ser una molestia, sino convertirse en un dolor de cabeza, o cansancio crónico si el ruido supera los 55 decibeles.
Por la tarde, una persona común y corriente resiste el ruido en 10 decibeles menos que en las mañanas. La gente está mas cansada y se siente mucho más intolerante al ruido. Por eso que la gente suele hablar un poco más bajo conforme pasa el día, pero eso sí, llegada la noche la resistencia aumenta y por eso no hay quien diga nada a la hora de estar en una bar.
La OMS cataloga como normal una conversación -entre dos interlocutores que se encuentran a un metro de distancia- y que hablan a más o menos a 50 decibeles. Si son más de tres o si gritan, el nivel supera los 80 decibeles.
Sobre la salud, el exceso de ruido afecta de diferente forma, desde irritación de la garganta a aquel que grita al hablar, pasando por el ardor en los ojos del ruido en la calle, hasta dolor de cabeza por la presencia prolongada de ruido.
Los expertos médicos señalan aumentos de hasta el 20 y 30% en el riesgo de sufrir un ataque al corazón en personas sometidas a más de 65 decibelios en periodo diurno.