NUEVA YORK, Estados Unidos, jun. 21, 2004.- México palpita en las calles de Manhattan con sus tamales y sus tostadas, con su gama de raspados y con sus quesadillas y tlacoyos. Al mando de estos puestos hay tres mujeres y madres mexicanas. Rosalba Torres de Tehuitsingo, Puebla; Eduarda Campos de Cuautla, Morelos, y Lidia Calleja de Matamoros, Puebla.
Las tres sobreviven alimentando dos economías informales con un oficio que anteriormente ejercían en las calles de México.
Un punto muy importante es que nuestras paisanas que venden comida en las calles de Nueva York, todo lo que cocinan lo hacen con amor para que el cliente regrese.
Pero no basta el corazón y la buena sazón de estas mujeres para que el negocio fluya, se necesita fortaleza y unión para librar multas de acoso policial en una ciudad donde comida en las calles sin licencia esta penado y donde obtener dichas licencias supone una espera mínima de 25 años y superar un rosario de escollos.
“Había mucho abuso verbal, físicamente y agresión, arrestos. Amenazas con quitarnos a los hijos, con llevarnos presas”, comenta Lidia Calleja, vendedora ambulante fundadora de la Coalición Esperanza del Barrio.
Lidia lleva 8 años vendiendo tamales, atole, champurrado y raspados en Nueva York con gran dificultad.
Hace un año fundo "Esperanza del Barrio" una organización comunitaria de vendedoras ambulantes que agrupa a unas 85 paisanas.
Lo que ellas quieren lograr en el campo organizativo es conseguir licencias para vender y que la policía no las moleste... Y según cuenta Lidia Calleja, los primeros pasos ya se han dado:
“Hemos estado vendido sin arrestos, si nos ponen el ticket, sí vamos a Corte.”