Harry Potter llegó para quedarse
 
 
por: Javier Aranda Luna
Fuente: Noticieros Televisa
 
Harry Potter llegó para quedarse. Igual que “El señor de los anillos” o “Cien años de soledad”
 
Harry Potter llegó para quedarse. Igual que “El señor de los anillos” o “Cien años de soledad”. Y habrá de sostenerse sólo por la historia que nos cuenta: la del mago huérfano que tiene que enfrentarse al mal que es carne y espíritu, acción supraterrena y voluntad oscura.

He leído, con asombro, cómo la culta ignorancia llena de improperios la saga ideada por J.K . Rowling. En esencia señala que no es literatura y, con su dedo de fuego, apunta que es producto sólo del mercado. Se olvida que Don Quijote de la Mancha fue y sigue siendo un éxito de mercado y que incluso algunos ejemplares de su primera edición fueron traídos por barco al continente americano. Ni qué decir de la novela cumbre de García Márquez que ha vendido más de 30 millones de ejemplares en cuatro décadas.

No digo que la obra de Rowling tenga la estatura de “Don Quijote” o de “Cien años de soledad”. Pero de allí a decir que no es literatura me parece un disparate. Si la literatura es una extensión de la vida y la imaginación, la saga del mago lo es. La imaginación literaria sin lectores es imposible. Y entre más heterogéneos, mejor.

¿Qué leen los niños chinos, rusos, ingleses, árabes, sudafricanos, mexicanos en los siete volúmenes de Harry Potter? Sus tradiciones culturales son distintas, su educación, y buena parte de sus valores, también. Y sin embargo todos encuentran un motivo, o muchos, para conocer la historia general de la novela y las muchas historias que allí se entretejen. No es casual que los volúmenes escritos por Rowling hayan vendido hasta el momento una cifra cercana a los 345 millones de ejemplares. Y eso tampoco es producto sólo de la publicidad. La publicidad vino después de la demanda loca por el libro y no existe mercadotecnia que funcione si no tiene “algo” que vender.

Ahora que la moda es escribir textos breves y llenos de ilustraciones por aquello de la fuerte cultura visual impulsada por el cine y la televisión, la saga de Potter es un milagro por sus volúmenes gruesos y casi sin ilustraciones.

El origen de los cuentos y las novelas son los relatos, la relación de hechos reales o ficticios dignos de compartirse; las historias que debemos contar. Historias en las que se mezclan los mitos y los sueños, las leyendas, las crónicas de lo inverosímil que aun leemos en diarios y revistas o escuchamos por radio y televisión. ¿Se acuerda del náufrago que inmortalizó García Márquez? ¿De Gaby Brimmer que sin la escritura de Poniatowska no habríamos conocido? ¿Del niño que por accidente médico lo convirtieron en niña y cuya historia terminó en suicidio?

Antes se contaban las historias alrededor de una fogata. Algunas de ellas se convirtieron en libros: como los cuentos que recogieron los hermanos Grimm, las que encierran los Evangelios o las que Sherezada hilvana en “Las mil y una noches”. Cualquiera puede contar o escribir una historia pero sólo uno pudo hacer llegar hasta nosotros “La Divina Comedia”, “El principito”, “Alicia en el país de las maravillas”, o “El señor de los añillos”, libro que hizo alucinar a Carlos Monsiváis quien, por cierto, “algo” sabe de literatura.

La magia de Harry Potter no es hija de la publicidad sino de la lectura (fue “best seller” antes de ser adoptado por el aparato publicitario y por el cine). Surge de los signos negros impresos en la página blanca imaginados por Rowling y que miles han seguido. El sueño de cualquier escritor es ser leído por un desconocido pero pocos logran crear mundos que sean capaces de seducir casi a cualquier lector y aún a quienes no frecuentan los libros. Estos últimos, sobre todo, fueron inoculados con el virus de la lectura, con ese virus que nos hace descubrir otros mundos apasionantes y divertidos que pueden ampliar el de nuestros días comunes. Estoy seguro que el tiempo, el gran hechicero, le dará a Harry Potter su lugar entre las historias dignas de ser conocidas. Tiene miles de cómplices para lograrlo, miles que serán eco y voz de sus aventuras.

 
La magia de Harry Potter no es hija de la publicidad sino de la lectura.
La magia de Harry Potter no es hija de la publicidad sino de la lectura.
Foto: AP
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