El mejor monumento para la Princesa Diana, dicen sus allegados, es seguir su obra altruista y en pro de la paz
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LONDRES, Reino Unido, ago. 31, 2007.- Fue el ex primer ministro británico Tony Blair, quien en septiembre de 1997, sólo unos días después de la trágica muerte de Diana, Princesa de Gales, utilizó por primera vez la frase de la “Princesa del Pueblo”. Tan enorme, no pronosticable y sorpresiva fue la reacción del público común en el Reino Unido ante el fallecimiento de esta carismática mujer de 36 anos de edad, que los historiadores y sociólogos británicos siguen analizando aún el impacto del fenómeno de Diana, o Dianamania.
Por siglos conocidos por su carácter reservado y hasta frío, durante siete días de ese septiembre de 1997, los ciudadanos británicos mostraron al mundo un nuevo rostro: capaces de ser conmovidos y mucho más abierto.
Observando esta jamás antes vista ola de buena voluntad, los familiares y amigos de Diana pronto decidieron que el mejor monumento en memoria de Lady Di, no sería una estatua, sino la creación de una organización de beneficencia que respaldaría las causas por las que luchó Diana durante su vida.
El 4 de septiembre del 1997 se formó el Fondo Memorial de Diana, con la hermana de la princesa, Lady Sarah McCorquodale como la presidenta. Docenas de miles de británicos donaron sumas modestas, mientras que el amigo de Diana, la estrella de pop Elton John, hizo una de las donaciones más grandes en la historia de Gran Bretaña: más de 80 millones de dólares, recaudados por su versión de la cancion Candle in The Wind 1997. Este dinero junto con el resto fueron transferidos al nuevo fondo.
Una década ha pasado, y el fondo ha distribuido más de 140 millones de dólares a más de 350 organizaciones de beneficencia en varios rincones del mundo.
“Estamos concentrando nuestro trabajo en cuatro áreas, que eran las más cercanas al corazón de la Princesa: la lucha contra las minas antipersonales, el SIDA, la lepra, y las personas sin hogar. En todos estos frentes hemos alcanzado resultados impresionantes”, dijo a Noticieros Televisa.com Paul Hensby, uno de los directores del fondo de Diana.
El interés personal de Diana durante los años 1996-1997 en la prohibición de las minas antipersonales, fue de crucial importancia. Sus visitas a Angola y Bosnia levantaron enormemente el perfil de esta causa. De hecho, esta semana se reveló que la última carta escrita por Lady Di, fue precisamente sobre las minas en Bosnia.
Como resultado de sus esfuerzos, en diciembre de 1997, más 120 países del mundo firmaron el acuerdo de prohibición de este tipo de armamento. Incluso los países que no pusieron su firma, como los Estados Unidos, actuaban como si fueran signatarios, tan grande era la estigmatización de las minas antipersonales. La lucha continúa.
“ Nuestro fondo es uno de los organizadores de una importante reunión en San José, Costa Rica, el 4 y 5 de septiembre donde los países de América Latina lanzarán un plan para hacer que su región sea la primera zona libre de municiones de racimo ( Cluster munition, en ingles). Países como Brasil son productores de estas armas que causan muertes y mutilaciones entre los civiles, décadas después de que terminaron conflictos armados en varios países de África, Asia, y la misma América Latina”, destacó Hensby.
Otro legado importante de Diana es su exitosa desestigmatizacion de la gente infectada con el SIDA. Sus visitas a los centros de SIDA en Londres fue una señal muy firme de que los enfermos de este mal deben ser considerados como cualquier otro miembro de la sociedad. Hace 15 años, cuando existían tantos prejuicios, sus acciones fueron muy valorables y valientes.
Una de las organizaciones de beneficencia favoritas de Diana fue Centrepoint, un organismo que ayuda a los británicos sin hogar. En secreto, sin la presencia de cámaras, Diana llevaba a sus entonces dos pequeños hijos, William y Harry, a los albergues, para reunirse con la gente menos privilegiada. Ahora el presidente honorario de Centrepoint es nada menos que el hijo mayor de Diana, el príncipe William.