Calaveras, símbolos de las ofrendas mexicanas

 
 
por: Agencia
Fuente: NOTIMEX
 

En México, la muerte se sufre cuando sucede, pero el 1 y 2 de noviembre se pinta, se escribe y se come, con las calaveras de dulce

 
CIUDAD DE MÉXICO, México, oct. 31, 2007.- En las ofrendas a los muertos no pueden faltar las calaveras de azúcar, amaranto y chocolate, tradición que se ha preservado desde el México precolombino hasta estos días, más allá de las fusiones culturales, religiosas e ideológicas.

Así, año con año, el 1 y 2 de noviembre se dedican a quienes ya no habitan este mundo; de Norte a Sur del país se realizan fiestas y rituales que varían de región en región, aunque por lo general es común la asistencia a cementerios para limpiar las tumbas y adornarlas con flores.

Pero el ritual de la festividad se alegra de manera especial con el colorido de las ofrendas a los muertos, en las que aparte de alimentos, fotos y artesanías, la creatividad de los artesanos mexicanos llevó a incluir las calaveritas de dulce, que son ya todo un símbolo y tradición en cada altar.

Desde la víspera del 1 y 2 de noviembre las calles se empiezan a inundar de flores de todos tipos y colores, aunque predomina el naranja del cempasúchil; hay también calacas de cartón o papel maché, calaveras de chocolate, azúcar y amaranto.

De las vitrinas de las panaderías asoman los panes de muerto con sus huesitos de harina esponjados; se ven ofrendas, altares, representaciones de la muerte que se aleja mucho de la imagen triste y macabra que toma en otras culturas.

Además de la visita a los panteones, en plazas públicas, centros de trabajo, escuelas y hogares se colocan ofrendas o altares en honor de quienes han muerto, decoradas con flores, alimentos, bebidas, fotografías y golosinas, entre otras cosas.

Las calaveras, refiere el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), son uno de los símbolos más representativos de estas fiestas: las hay dibujadas, recortadas en papel de china, hechas con cartón o con trozos de periódico y engrudo.

Se dice que sus antecedentes simbólicos se encuentran en las imágenes de los rostros descarnados y las figuras cadavéricas de algunas deidades aztecas como Mictlantecuhtli (Señor de las profundidades de la tierra donde moran los muertos) y su esposa Mictecacíhuatl, la Coatlicue, la vieja Madre de todos, y Miquiztli, Dios de la muerte.

Pero, sin duda, las calaveras mexicanas más famosas son las del grabador José Guadalupe Posada, quien logró convertirlas en un icono del folclore nacional.

También es una tradición escribir textos breves llamados calaveras literarias, que generalmente son en verso y narran de forma graciosa algún suceso relacionado con la muerte de cierto personaje que bien puede estar vivo. Del mismo modo, hay otras que se comen: de amaranto, chocolate o azúcar.

Las simpáticas y variadas formas que los mexicanos han encontrado para representar a la muerte a través del tiempo han transformado a ese ser opaco y triste en uno coqueto, alegre, bromista, hábil, divertido y sarcástico.

En México, la muerte se sufre cuando sucede, pero el 1 y 2 de noviembre se pinta, se escribe y se come. Y para saborear la dulce muerte y preservar estas tradiciones sólo hace falta degustar algunas calaveras, de cualquier tamaño, color y sabor.

 
Durante Día de Muertos sobresalen las calaveras de amaranto, chocolate y azúcar.
Durante Día de Muertos sobresalen las calaveras de amaranto, chocolate y azúcar.
Foto: NOTIMEX
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