CÓDICE 01: El 'Blanco' de Octavio Paz

 
 
por: Javier Aranda Luna
Fuente: Noticieros Televisa
 

'Blanco' es la voz viva de este poeta cuya obra permanece entre nosotros

 

CIUDAD DE MÉXICO, México, ene. 18, 2008.- Si usted cree que no hay amor sin erotismo ni erotismo sin sexualidad. Si cree que el sexo, el amor y el erotismo son formas para conocer al mundo y el cuerpo es un río de sangre que nos abrasa. Si cree que en la mirada se inicia la madeja del deseo y el rumor de la sangre nos dispara la imaginación, usted comparte algunas de las ideas esenciales de Octavio Paz, el autor de uno de los poemas eróticos más complejos y ambiciosos del siglo XX que se titula “Blanco”.

El artista catalán Frederic Amat quiso recordar al escritor a diez años de su fallecimiento “poniendo en escena” este poema en estos días en Barcelona. ¿Poner en escena un poema? Sí, porque Blanco es un poema que fue pensado por su autor para verse y oírse y para permitirnos recorrer sus versos como recorremos el cuerpo de la persona que deseamos: rincón por rincón, parte a parte, de un tirón enfebrecido o sólo de una parte o de la otra o únicamente a partir del centro.

Blanco fue publicado por primera vez en 1967. Imprimirlo debe haber sido toda una odisea para su editor Joaquín Mortiz. Fue impreso en una sola página de 522 centímetros, como un gran acordeón, un códice o un pergamino, con tres tipos de letra.

Si la poesía, como la música, es un arte temporal (transcurre mientras la oímos), “Blanco” quería llamar la atención sobre las posibilidades del poema como un arte para abarcar el espacio. Cuenta con 14 poemas con vida propia que se potencian leyéndolos como tres grandes conjuntos o nueve o uno e incluso como un racimo de versos sueltos que danzan en la página blanca que se despliega ante nuestros ojos.

La complejidad del “Blanco”, como se ve, no es sólo por su temática sino por su propia estructura y su presentación: la arquitectura verbal de este poema literalmente se despliega ante nuestros ojos. Las palabras, los signos negros sobre la página blanca, transcurren ante nosotros. Podemos verlas y oírlas mientras las leemos. Sentir su resonancia y mirar los colores que alcanzan. Danza de signos sonoros y visuales. Imágenes y formas verbales. Rumor de sílabas, metáfora de la sangre. Palabras que incendian la carne y la imaginación. Palabras vivas como el cuerpo atravesado por el deseo.

El cuerpo del deseo es, en este poema, un río de fuego, del fuego primordial que palpita en nosotros. Presencia que arde y nos consume. Espejo de fuego que nos muestra con una danza de signos rojos y azules nuestro verdadero rostro.

El erotismo en “Blanco” es minucioso, es “el cuerpo de una leona en el circo de las llamas” y, a la vez, un “ánima entre las sensaciones”. “Blanco” anticipa la reflexión que casi treinta años después hiciera Octavio Paz en “La llama doble”, ese estupendo ensayo sobre el amor y el erotismo.

Recordar a Octavio Paz en el décimo aniversario de su fallecimiento con este poema me parece todo un acierto de Frederic Amat: “Blanco” es un canto que celebra la vida con las pulsiones del amor, el sexo, el erotismo. “Blanco” es la voz viva de este poeta cuya obra permanece entre nosotros.

 

 
El poema 'Blanco' fue publicado por primera vez en 1967.
El poema 'Blanco' fue publicado por primera vez en 1967.
Foto: AP
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