CIUDAD DE MÉXICO, México, sep. 2005.- Quienes pensaron que sería un día de trabajo normal nunca imaginaron que esa fecha, 19 de septiembre de 1985, se convertiría en una pesadilla que a 20 años de distancia aún les eriza la piel y les trae el recuerdo del olor a muerte. "Los Olvidados", como se hacen llamar los trabajadores de limpia del Distrito Federal que participaron en labores de rescate tras la catástrofe que provocó el sismo del 19 de septiembre, sostienen que fueron los primeros en llegar a los lugares donde se colapsaron distintas edificaciones.
Aseguran que en esa tragedia conocieron el olor a muerte, el cual los ha perseguido durante 20 años en los que los recuerdos de las personas que rescataron se ven opacados con las imágenes de gente muerta y cuerpos descuartizados.
Con voz pausada, recuerdan que desde su campamento ubicado en las inmediaciones de Tlatelolco vieron desplomarse el edificio Nuevo León y, por instinto, corrieron a auxiliar a quienes consideraban sus vecinos y conocidos, que quedaron sepultados por los escombros.
José Luis Velásquez, quien entonces tenía 23 años de edad y era chofer de un camión de limpia, y Guadalupe Magueyales Tierrasnegras, que tenía 35 y se desempeñaba como peón, recordaron su impresión al ver que en unos instantes y en medio de una nube de polvo el edificio desapareció.
LAS MANOS COMO HERRAMIENTAS
Junto con sus compañeros David Flores, quien era chofer y tenía 27 años de edad, y Arturo Perea Peón, quien contaba con 20, narraron cómo por instinto iniciaron las labores de rescate sin herramientas; con las manos intentaron durante varias horas desenterrar los cuerpos, ante los gritos y gemidos de dolor.
Magueyales y Velásquez no se explicaban por qué eran los únicos que intentaban rescatar a quienes vivían en el edificio, por qué nadie los auxiliaba; cuatro horas después llegó una ambulancia y se enteraron del caos que había en la ciudad por el sismo.
Los testimonios de los cuatro asalariados de la Sección 1 del Sindicato Único de Trabajadores del Gobierno del Distrito Federal (SUTGDF) coinciden en que fueron largas horas de trabajo extenuante, sin alimentos y agua, pero que soportaron con la idea de ayudar a la gente que en esos momentos los necesitaba.
SIN RECONOCIMIENTO
Sin embargo, se quejaron de que nunca se les ha hecho un reconocimiento oficial por la labor que desempeñaron en la delegación Cuauhtémoc, donde también sus casi cuatro mil compañeros de la cuadrilla de limpieza fueron destinados a distintas actividades para ayudar a los afectados.
Magueyales resaltó que el único reconocimiento que tuvieron fue del actor ya fallecido, Roberto Cobos, mejor conocido como "Calambres", quien les dio las gracias de manera personal por haber ayudado a sus vecinos del Nuevo León.
También recuerda gratamente la presencia del tenor Plácido Domingo, quien hombro a hombro apoyó en los trabajos de rescate.
Mencionó que un desconocido llegó en los momentos en que rescataban a su familia de entre los escombros a nivel del suelo, y se sorprendieron al saber que su departamento se ubicaba en el tercer nivel, lo cual les parecía increíble pues no había indicios de los pisos inferiores.
Velásquez, quien también apoyó en las labores de rescate del Hospital General, dijo que ahí ayudó a sacar cadáveres y fue impresionante ver los cuerpos colocados en una plancha de hielo de 20 metros cuadrados, entre el olor putrefacto, en espera de que sus familiares los reconocieran para sepultarlos o bien para llevarlos a la fosa común.
Arturo Perea comentó que a las 7:19 horas del 19 de septiembre estuvo a espaldas de Garibaldi, desde donde vio desplomarse el conjunto habitacional de los mariachis donde una pareja quedó bajo un bloque de cemento que después fue removido con cadenas y una grúa de tránsito.
Cerca del mercado de Garibaldi, el San Camilito, vio cómo durante el temblor se mecía fuertemente el edificio de la costura, y en un instante cayó dejando sepultadas a decenas de trabajadoras.
David Flores señaló que en el momento del desastre se ubicó en los multifamiliares Juárez, los cuales se derrumbaron y donde vivió una de las experiencias más tristes de su vida, ya que la gente que logró salir andaba desnuda porque la mayoría se estaba bañando y tuvieron que prestarles overoles para que se cubrieran.
Se trasladaban de un lugar a otro para apoyar, y fue así como de repente se vio en el Hospital Juárez donde ayudó a rescatar a bebés atrapados; "no supimos ni qué personas se llevaron a los bebés, sólo pasábamos uno tras otro pues lo que queríamos era salvarlos".
Muchos de esos bebés ahora jóvenes les han dado las gracias por salvarlos, y aunque es un halago quisieran que las autoridades también los reconozcan y que les den un estímulo para mejorar sus salarios o, por lo menos, acceso a créditos de vivienda ya que por sus sueldos reducidos no pueden tenerlos.
Tras la tragedia vinieron los días de arduo trabajo para retirar los escombros con los que se rellenó la zona donde ahora se ubica la Alameda Oriente; entre ellos se veían partes de cuerpos que tuvieron sepultura en ese espacio de recreación.
Los "héroes olvidados" están marcados por la tragedia del 19 de septiembre de 1985 cuando la ciudad de México fue azotada por uno de los temblores más fuertes de su historia, y cuyo recuerdo después de 20 años aún les "enchina la piel".