Es una mujer de 42 años. Su aspecto es frágil y sencillo. Su arreglo personal es austero y da la impresión de tener mayor edad. Siempre viste con ropa conservadora. No usa maquillaje y los accesorios que utiliza son escasos. Su forma de peinarse es casera y práctica.
Posteriormente, al reencontrar su fuerza interior, se convierte en una mujer bella, atractiva, elegante y fina.
Fue una niña huérfana (abandonada por sus padres), cuya única imagen familiar fue la de su benefactor o tutor Humberto Villarreal y la de las monjas del orfelinato que la cuidaron.
Su motivación es la búsqueda de la familia que no tuvo, y cuando la obtiene, manifiesta por ella una protección exagerada.
Tiene valores, hábitos y principios como son: la justicia, la bondad, la firmeza de carácter, pero han sido opacados por su miedo al abandono.
Cuando ella se decide a cambiar y se interesa por sí misma, aprende a conocer y manejar su miedo, sus virtudes se manifiestan con toda su fuerza.
El abandono que sufrió de pequeña la ha hecho temerosa, insegura, introvertida, culpígena. Madre sumisa y abnegada. Su amor por los demás y la renuncia a sí misma es una característica fundamental que ha sido apoyada por la religión en la que fue educada.
Sin embargo siempre ha sido una persona buena, amable, cariñosa, generosa, conciliadora, disciplinada y escrupulosa.
Lucía es una madre cariñosa y preocupada por la educación y sentimientos de sus hijos, cosa que ellos no agradecen pues están deslumbrados por el dinero y posición que su padre les ha dado.
Lucía en realidad no conoce su verdadera fuerza interior, que es mucha pero a través de la historia y los cambios circunstanciales que vive, la encontrará y su nueva vida le hará conocer la verdadera felicidad.