Vienen las vacaciones y con ellas, muchas personas tienen la oportunidad de acudir a una playa o a algún centro recreativo, para tomar el tan ansiado descanso acompañado de un esplendoroso sol que proporcione al cuerpo un bronceado envidiable.
Pero como en todo lo que hacemos en la vida, si algo no hacemos bien, puede traer repercusiones y convertir nuestras vacaciones en un problema de salud para el resto de la vida.
El Sol es vida y fuente de energía, por lo que debemos aprovechar sus beneficios que son muchos, pero también debemos cuidarnos de sus efectos nocivos.
Entre los beneficios que nos brinda el sol, como la luz, el calor, la generación de oxígeno y otros necesarios para la vida, están los que disfrutamos de forma individual cuando lo tomamos por placer, ya que por un lado nos proporciona una sensación de bienestar, relajación y buen humor que actúa como anti-estrés y por otro es muy importante para el organismo, porque permite la producción de vitamina D, necesaria para la fijación del calcio y para la adecuada formación de los huesos y dientes.
Sin embargo la energía solar que llega a la Tierra, está formada por distintos tipos de radiación y aunque ya ha sido filtrada por la capa de ozono, que no permite el paso de los rayos gamma y los UVC o ultravioleta, que son mortales, sí permite pasar otros que pueden dañar la piel, produciendo enrojecimiento, manchas, alergias, ronchas, quemaduras severas y hasta cáncer de piel.
Los rayos que pueden ser perjudiciales son los UV o ultravioletas que se dividen a su vez, en rayos UVA y UVB.
-Las radiaciones UVB, afectan la primera capa de la piel o epidermis y aunque tienen mucha energía son bloqueados por el vidrio. Al llegar a la piel producen enrojecimiento y son los encargados del tan deseado bronceado. Pero también son los causantes de quemaduras y del cáncer de piel, ya que alteran el ADN celular de este tejido y general también resequedad y envejecimiento prematuro.
-Los rayos UVA, son los que ocasionan quemaduras, ya que penetran hasta la segunda capa de la piel llamada dermis. Provocan alergias, manchas, riesgo de cáncer y el llamado fotoenvejecimiento.