La cirrosis hepática es la degeneración del hígado por la formación de franjas de tejido fibroso y nódulos duros reemplazan el tejido sano y reducen la actividad hepática normal.
Este órgano, encargado de filtrar sustancias tóxicas de la sangre y realizar muchas otras tareas químicas y metabólicas, tiene la capacidad de funcionar aún con muchas células destruidas, pero si las cirrosis no se controla, tarde o temprano destruye al órgano y su resultado es mortal.
La cirrosis hepática puede clasificarse en macronodular, micronodular y mixta, dependiendo del tamaño del tejido dañado.
Entre los factores que desarrollan la cirrosis hepática están:
- El alcohol, que ocupa casi un 60% de los casos de cirrosis.
- El virus de la hepatitis B.
- El consumo de algunos medicamentos como el metotexate y la alfametildopa.
- La hepatitis crónica.
- La cirrosis biliar que afecta los conductos que trasportan la bilis del hígado hacia el intestino.
- Algunas enfemedades genéticas como la enfermedad de Wilson, trastorno hereditario que provoca una acumulación de cobre en el hígado, por hemocromatosis, que es la tendencia genética a acumular el hierro y la fibrosis quística.
La cirrosis hepática se va desarrollando lenta y silenciosamente, una persona alcohólica puede empezar a sentir sus efectos en el hígado hasta los 10 años después de empezar su adicción.
Puede presentarse a cualquier edad, pero es más frecuente que se manifieste en personas de entre los 40 y los 60 años de edad y es más frecuente en hombres.