Es un perfecto ordenador de todos los conocimientos, sensaciones, sentimientos, conductas y movimientos del cuerpo, consume una quinta parte de nuestra energía a pesar de estar cargado de ella y no siente dolor.
Está formado por millones de células nerviosas con billones de puntos de conexión que forman una complicadísima red de comunicación entre cada parte del cuerpo y el mundo exterior.
Contiene diferentes tipos de células que dan origen a todos los movimientos y sensaciones corporales, las más importantes son las neuronas, porque son las que nos permiten realizar las funciones que nos distinguen como seres humanos: la razón, el pensamiento, la memoria, el habla, la conciencia, la actividad cognitiva y muchas más.
Existen otras células llamadas Glia, que las protegen contra las infecciones, toxinas y traumas cerebrales. Estas células forman una barrera sanguínea entre los vasos sanguíneos que irrigan al cerebro y las materias de que está formado.
Cuando se interrumpe repentinamente el suministro de sangre al cerebro las células mueren inmediatamente y como no se regeneran el daño es irreversible, ocasionando en casos graves la muerte o dañando una parte del cerebro con consecuencias en diversas funciones motoras, sensitivas o mentales, a estos eventos se les llama accidentes cerebrovasculares.
Algunos de los síntomas aparecen de forma repentina y al mismo tiempo y pueden confundirse con un mareo o un dolor de cabeza, por lo que siempre hay que atender las señales de cualquier problema y consultar al médico para detectar el origen y atender adecuadamente la enfermedad que los ocasionan.
Los síntomas más característicos de un accidente cerebrovascular son:
- Dolor de cabeza repentino y muy fuerte.
- Entumecimiento de una parte del cuerpo.
- Debilidad repentina.
- Confusión que lleva a tener problemas de habla o de comprensión.
- Problemas en la visión, en uno o en ambos ojos.
- Dificultad al caminar con pérdida de equilibrio o coordinación.
- Mareos.