Para el
diagnóstico de la angina de pecho, no existe una prueba especifica, sin embargo con la historia clínica y la revisión médica en cardiólogo puede determinarla al escuchar con cuidado el corazón para detectar cualquier sonido o latido anormal y al conocer qué provoca en malestar, cómo se presenta y qué lo mejora o alivia.
El diagnóstico es muy importante, ya que otros problemas como la indigestión, los espasmos esofágicos, la acidez estomacal, los ataques de pánico, los problemas de tiroides, fracturas de costillas, asma y otros trastornos pulmonares, pueden ocasionar síntomas similares a los de la angina de pecho.
Las pruebas que generalmente se recomiendan son: el electrocardiograma (ECG), la medición de la presión arterial, determinados análisis de sangre y de orina y una placa de rayos X del tórax.
Si el médico cree que es angina de pecho u otro problema, también puede ordenar estudios para determinar si existe una cardiopatía subyacente.
Una prueba de esfuerzo con ejercicio es fundamental para confirmar si el agotamiento físico produce la isquemia. En ocasiones esta prueba se combina con una ecocardiografía, examen en el que se emplean ondas sonoras de alta frecuencia.
Otros estudios pueden ser la gammagrafia nuclear, en la cual se inyecta en el torrente sanguíneo talio o cualquier otra sustancia radiactiva que después se rastrea con cámaras gamma especiales. Estas dos últimas pruebas a menudo identifican con precisión las zonas del músculo cardíaco que no reciben sangre.
Para realizar un diagnóstico preciso de la coronariopatía es necesario un cateterismo cardiaco, procedimiento quirúrgico mediante el cual se inserta en una arteria de la pierna (o, con menor frecuencia, en el brazo), un tubo delgado y flexible que es deslizado hasta el corazón. Después se inyecta un medio de contrastes en las arterias coronarias para que éstas sean visibles a los rayos X.
El tratamiento se enfoca al alivio del dolor y a la prevención de nuevos ataques.
Primeramente se sugiere al enfermo modificar ciertos hábitos de su estilo de vida, como son la alimentación, evitando las grasas y carbohidratos, el dejar de fumar y tomar bebidas alcohólicas, el no hacer ejercicios y esfuerzos innecesarios, controlar la hipertensión arterial por medio de medicamentos y disminuir el consumo de café y refrescos gaseosos, entre otros.
También es importante aprender a controlar el estrés y el cansancio excesivo por trabajo.
El desarrollo de una actividad física, debe estar siempre controlada y supervisada por el médico, ya que si bien constituyen una medida eficaz para mejora la circulación, el exceso puede ocasionar ataques de angina de pecho.
Para el tratamiento con medicamentos se utiliza con todo éxito la nitroglicerina por vía sublingual, con la cual se logra revertir el cuadro en unos pocos minutos sin embargo su efecto desaparece pronto, por lo que se pueden utilizar parches cutáneos o pomadas para que la nitroglicerina se absorba en forma lenta y constante. El uso de ese medicamento puede traer reacciones como enrojecimiento, mareos y dolor de cabeza, por lo que recomienda tomarlo sentado para reducir el mareo y evitar el desmayo, por la baja de presión arterial que producen.
Otros medicamentos utilizados son los beta bloqueantes, neurotransmisores, los nitratos, fármacos que dilatan y abren las arterias y los antagonistas del calcio y se ha visto que la administración de dosis muy bajas de aspirina disminuye la incidencia de infartos.
En casos extremos cuando los medicamentos y el acondicionamiento físico ya no responden se recomienda la angioplastía, una cirugía que tiene por objeto abrir los vasos sanguíneos estrechos por medio de la inserción en las arterias coronarias de una sonda con un globo en la punta, mientras se observa en una pantalla el procedimiento. Cuando la sonda llega al segmento estrecho, se infla el balón para aplanar la placa o si la sonda contiene “aspas” como las de una licuadora, segmenta la placa en partículas diminutas.
Otro tipo de cirugía, para casos más graves de coronariopatías, es de derivación coronaria o bypass coronario, mediante la cual se injertan segmentos de vasos sanguíneos sanos, de una arteria de la pierna, para suplir las partes bloqueadas de las arterias coronarias. En una sola operación se pueden hacer siete u ocho injertos, aumentando en gran medida el flujo sanguíneo hacia el músculo cardíaco y reduciendo la incidencia de angina de pecho y el riesgo de un ataque al corazón.
Por lo general, la operación dura tres o cuatro horas, aunque algunos casos complejos requieren de ocho a diez. Después, el paciente permanece de dos a tres días en la unidad de cuidados intensivos y otros cinco a siete días en el hospital. Aunque la operación es relativamente segura, no está libre de riesgos y se deben sopesar los peligros potenciales respecto a los beneficios posibles.