La atención inmediata a los síntomas es muy importante para salvar la vida del enfermo y por lo general el diagnóstico y la primera atención se aplican al mismo tiempo en una ambulancia.
El diagnóstico adecuado es muy importante ya que los síntomas de otras enfermedades pueden ser similares. Entre ellas están: los ataques de ansiedad o de pánico, la pulmonía o pleuritis, una embolia pulmonar o un colapso pulmonar o hasta una acidez estomacal.
En casos extremos será necesario aplicar reanimación cardiorrespiratoria (RPC) cuando el enfermo ya no respire y sus signos vitales estén muy disminuidos.
El diagnóstico se establece con el cuadro clínico que presenta en enfermo y la toma de signos vitales. Para reanimarlo por lo general se aplican electrochoques al corazón (desfibrilación) para detener la fibrilación ventricular.
Ya estabilizado el enfermo, se conecta a un monitor de ritmo cardiaco para estar observando el ritmo del corazón, se administra oxígeno y se le dan medicamentos para restituirlo además de algún analgésico para el control del dolor.
Ya que en el hospital, los médicos se aseguran, primero, de que la persona respira y de que su pulso y presión arterial son adecuados. Luego hacen todo lo necesario para salvarle la vida: defibrilación (electrochoques al corazón para detener la fibrilación ventricular). Después conectan al paciente a un monitor de ritmo cardíaco, para que el electrocardiograma (ECG) muestre el patrón de latidos del corazón. También administran oxígeno, fármacos para restituir el ritmo cardíaco normal y posiblemente un medicamento contra el dolor.
Es probable que entre las medidas de diagnóstico posteriores se incluyan un angiograma, estudios especiales de rayos X de las arterias, para determinar si se ha bloqueado más de una coronaria, análisis de sangre que comprenden la medición de las enzimas liberadas por el daño muscular. El aumento de éstas ayuda a confirmar el ataque, en casos en que los síntomas y el ECG no sean muy evidentes.
El tratamiento se enfoca a suprimir el dolor, disminuir el área con poco flujo sanguíneo, prevenir la aparición de arritmias y de complicaciones que pudieran presentarse, como puede ser la insuficiencia cardiaca o nuevos infartos, por lo que en enfermo estará en observación entre 48 y 72 horas.
El tratamiento después del evento es a base de medicamentos trombolíticos, que logren disolver coágulos y otros para recanalizar la arteria ocluida y disminuir el área del infarto y de ejercicios físicos controlados por un médico especialista, después de tener un periodo de reposo absoluto y movilización progresiva, primero al sentarse y después al caminar lentamente.
Otros fármacos que se pueden dar al principio del ataque cardíaco son los beta bloqueadores, para limitar el ataque y evitar la recurrencia, así como fármacos antiarrítmicos, para corregir o evitar el ritmo cardíaco anormal que puede acompañar al ataque.
Si los medicamentos no surten el efecto deseado, se puede proponer una cirugía para restablecer el flujo sanguíneo y el latido normal del corazón. Otro procedimiento utilizado con éxito es el de la angioplastia de balón, que aumenta el flujo sanguíneo a través de arterias estrechas.
En cuanto la actividad cardiaca se estabilice, la terapia permanente consiste en en la vigilancia constante para establecer el nivel de recuperación y prevenir otro ataque. Es posible que entre los medicamentos recomendados estén la aspirina, beta bloqueadores y fármacos para prevenir la angina de pecho y la dilatación del corazón.
También es importante diseñar un programa de rehabilitación para que el paciente vaya aumentando sus actividades y reanude un estilo de vida normal. Se considera la cirugía si la angina no cede o si alguna arteria se vuelve a bloquear.
Antes de dar de alta al paciente, probablemente se le someta a una prueba de esfuerzo modificado para determinar el nivel de actividades físicas en condiciones de seguridad.
Una vez que el paciente sale del hospital, en los primeros mases es necesario efectuar revisiones médicas frecuentes para advertir signos de complicaciones posteriores, incluida la insuficiencia cardiaca. El tratamiento permanente a menudo se incluyen medicamentos para reducir la presión arterial y los niveles altos de colesterol y fortalecer los latidos del corazón.
Antes de salir del hospital, el paciente de un ataque debe recibir y seguir instrucciones dietéticas específicas, ya que su dieta deberá ser baja en calorías para perder el exceso de peso, baja en grasa y colesterol para evitar la aterosclerosis, baja en sodio para ayudar a controlar la presión arterial y tener complementos de vitaminas E que, según se cree, reducen el riesgo de un ataque posterior.
También es importante descansar adecuadamente, no realizar ejercicios y esfuerzos severos, vivir tranquilos y sin estrés, dejar de fumar y tomar bebidas alcohólicas.