El
diagnóstico general se establece con la historia clínica y la revisión del enfermo, que por lo general presenta algunos de los síntomas mencionados.
Un síntoma inequívoco de la enfermedad es cuando el médico escucha los latidos del corazón y detecta alguna anormalidad en ellos.
La endocarditis subaguda puede ser difícil de detectar, ya que los síntomas que ocasiona son muy leves y se pueden confundir con los de otras enfermedades, pero el desarrollo de un soplo cardíaco hace suponer que se trata de una endocarditis.
Para confirmar el diagnóstico, se recomienda un cultivo de una muestra de sangre para determinar la presencia de bacterias y un ecocardiograma, que es un estudio que proyecta imágenes del corazón obtenidas mediante ultrasonido y que también puede revelar grupos de bacterias en las válvulas cardíacas.
El tratamiento se enfoca a la erradicación de la bacteria causante, mediante el uso de antibióticos específicos, para lo cuál se deben hacer pruebas para determinar la sensibilidad del germen al antibiótico. Para esto es importante conocer si el enfermo es alérgico a algún antibiótico, ya que en general se recomienda penicilina, que a algunas personas puede causar la muerte instantánea.
Para que el antibiótico actúe rápidamente, se debe administrar por vía intravenosa y después sustituirse con por antibióticos orales. El tratamiento deberá ser mínimo de un mes.
El antibiótico recomendado, es diferente para cada bacteria. Para el estreptococo, la penicilina combinada con gentamicina resulta eficaz, por un período de 4 semanas. En caso de que dicho germen sea resistente a la penicilina, debe utilizarse la vancomicina, siempre asociada a gentamicina.
En la endocarditis por enterococo se utiliza la penicilina o ampicilina combinada con gentamicina.
El estafilococo debe tratarse con cefalosporinas de primera generación o con vancomicina (dependiendo de la sensibilidad del germen), combinada con gentamicina más rifampicina.
En caso de una endocarditis por hongos, se indicara la anfotericina B más 5 - fluorocitocina.
En algunos casos extremos, puede ser necesario recurrir a una cirugía para extirpar las partes infectadas, o regenerar o sustituir una válvula cardiaca dañada. La válvula que con mayor frecuencia requiere reemplazo es la mitral.
Es importante que si se corre riesgo de desarrollar endocarditis, se le comunique al dentista o a otros médicos que vayan a intervenir, para que se aseguren de administrar la cantidad de antibiótico adecuada que permita eliminar cualquier riesgo de bacterias en el torrente sanguíneo, sobre todo a través de las encías.
También es importante que las personas que han padecido fiebre reumática, o que tienen una válvula cardiaca artificial, que consulten a su médico para que valore la pertinencia de administrar antibióticos diarios por el resto de la vida, sobre todo si han tenido algún episodio previo de endocarditis.