Dado que la extirpación de una parte o de todo el estómago obviamente afecta la forma de digerir los alimentos, antes de salir del hospital, el enfermo recibe un programa alimentario y que probablemente incluya suplementos alimenticios.
Al inicio, la forma de alimentación será intravenosa, para pasar después a líquidos y poco a poco una dieta blanda que en ocasiones será la que sigan el resto de su vida.
El horario y cantidad de alimentos es muy importante, ya que no se debe saturar al intestino con demasiada comida, por lo que se recomienda hacer entre 6 y 8 comidas diarias, con alimentos ricos en proteínas y bajos en grasas y azúcares.
Es importante que los enfermos coman muy despacio y mastiquen bien los alimentos, para evitar náuseas, diarrea o retortijones. También deben abandonar cierto tipo de alimentos que su nutriólogo les indicará.
La alimentación, desempeña un papel muy importante en la prevención del cáncer de estómago que se previene con una dieta compuesta de frutas, verduras, legumbres y granos que ayudan a evitar cualquier forma de cáncer intestinal.
También es posible que la bilis suba desde el intestino hacia el esófago con cierta frecuencia produciendo sensación de ardor o indigestión, aunque esto puede ser normal, se debe consultar al médico para que recomiende algo que mitigue las molestias.
La quimioterapia, por lo general tiene efectos adversos, que dependen del tipo de fármaco, la dosis y la sensibilidad de cada enfermo a los venenos con que están elaborados y que si bien matan las células cancerosas, también pueden destruir algunas sanas.
Entre los efectos más comunes están la caída del cabello, anemia, baja del sistema inmunológico lo que los hace más susceptibles a contraer todo tipo de enfermedades, pérdida del apetito, debilidad, náuseas, vómitos y/o aparición de llagas en la boca. Estos problemas desaparecen cuando se termina el tratamiento.
La radioterapia, cuando se aplica sobre el abdomen, puede producir también náuseas, vómitos o diarrea que pueden ser controlados con medicación.
La piel sobre la que se aplica el rayo puede irritarse y presentar lesiones similares a las de las quemaduras con enrojecimiento, ardor y comezón. Es conveniente evitar la ropa ajustada durante este período así como el empleo de cremas o lociones diferentes a las que recete el médico.
La radioterapia produce también mucho cansancio, incluso semanas después de haber recibido los ciclos. Es importante descansar adecuadamente aunque sin abandonar por completo el ejercicio físico.
Por todos estos efectos, el tratamiento deberá ser integral, y deberá incluir ayuda psicológica profesional, tanto para el enfermo como para sus parientes cercanos.