La
fibrosis quística es una enfermedad genética, progresiva e incurable y muchas veces mortal. Afecta ciertas glándulas del cuerpo ocasionando que produzcan grandes cantidades de moco denso y pegajoso que puede dañar a varios órganos y sistemas del cuerpo y en muchos casos ocasiona la muerte.
Se presenta en uno de cada 20,000 niños, con mayor incidencia en la raza blanca y altera de forma considerable la calidad de vida de quienes la padecen y sus familiares. Se desarrolla solamente en niños y niñas que heredan el gen FQ de alguno de sus padres.
Se caracteriza por que las glándulas exocrinas y endocrinas que normalmente secretan sudor, moco, jugos digestivos y otras sustancias, dejan de hacerlo en cantidades normales, o sea que hay una alteración en la cantidad de agua que tienen los órganos afectados, lo que ocasiona que produzcan grandes cantidades de moco denso y pegajoso que puede obstruir las vías respiratorias, los intestinos y otros conductos por los que se eliminan dichas secreciones.
Los órganos más afectados por la fibrosis quística son: los pulmones, intestinos, páncreas y glándulas sexuales.
Aunque actualmente la fibrosis quística es incurable, se están desarrollando investigaciones que permiten el control adecuado, la ampliación de la esperanza de vida y una mejor calidad en ella.
El aislamiento del gen de la fibrosis quística ha permitido a los científicos desarrollar un método para sustituir el gen defectuoso.
Este tratamiento, probado por vez primera en un sujeto humano en abril de 1993, consiste en introducir un virus inocuo que ha sido alterado para transportar un gen normal que habrá de sustituir al que causa la enfermedad. Aunque al parecer este enfoque es prometedor, es necesario todavía realizar varios estudios complementarios antes de utilizarlo como alternativa.
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