En general el
diagnóstico es fácil de establecer por los síntomas de diarrea y la historia clínica, pero para descartar otro tipo de problemas, el médico solicita un cultivo de materia fecal y de vómito, si lo hubiera.
En casos de fiebre tifoidea o meningitis es necesario también realizar exámenes de sangre, médula ósea, líquido céfalorraquídeo o de secreciones, en los casos de abscesos.
Para el tratamiento se sugiere no administrar antibióticos, ya que prolongan el curso de la enfermedad a menos que se haya prolongado mucho o represente un peligro para tener complicaciones. Por lo general los casos leves ceden en unos cuantos días y muchos médicos recomiendan no controlar la diarrea, ya que ayuda a limpiar los intestinos y eliminar las bacterias.
Cuando el vómito es persistente, el médico puede recomendar la aplicación de inyecciones de antieméticos.
También se pueden administrar medicamentos para disminuir los cólicos abdominales intensos.
Es muy importante que la persona enferma tome muchos líquidos, caldos, tés, agua hervida o jugos para evitar una deshidratación.
Debido a que la Salmonela se encuentra en la materia fecal o excremento, es necesario aislar a las personas mientras tienen diarrea y cuando no puedan controlar la defecación.
Por este motivo, el lavar bien las manos antes de comer, tocar o preparar alimentos y después de ir al baño es muy importante para prevenir contagios, sobre todo a los bebés y niños pequeños.