Este padecimiento pude producirse por varios motivos:
- Puede no tener causa aparente, es decir ser idiomático.
- Por genética o hereditario, como sucede con la
tortícolis congénita, en la que el bebé nace con un músculo del cuello lastimado o deformado.
- Por movimientos bruscos del cuello.
- Por alguna lesión traumática o latigazo, muy frecuente en golpes traseros en automóvil.
- Por dormir en una posición inadecuada.
- Por ansiedad.
- Como consecuencia de quemaduras.
- Por inflamaciones en el cuerpo.
- Por trastornos tiroideos o por la presencia de algún tumor.
- Por infecciones causadas por una bacteria o virus.
- Como consecuencia de una hernia de disco a nivel cervical.
- Por cualquier lesión que provoque cicatrices profundas en el sistema nervioso o en los músculos del cuello.
- Por tics musculares o espasmos involuntarios o por distonía espasmódica.
Los síntomas o manifestaciones principales son los espasmos musculares, que pueden llegar a ser tan fuertes que incapaciten a la persona. Los espasmos musculares agudos surgen porque un nervio de la parte superior de la médula espinal queda atrapado entre dos vértebras cervicales presionándolo fuertemente.
Otros síntomas pueden ser.
- Dolor de los músculos del cuello o dolor de la columna.
- Imposibilidad de girar la cabeza, lo que obliga a mantenerla de lado y muy tensa.
- Espasmos de los músculos del cuello.
- Posición extraña del mentón con apariencia de estar fuera de lugar o chueco.
- Dolor de cabeza.