El
diagnóstico, debe ser inmediato y oportuno para evitar complicaciones graves que pueden incluso provocar la muerte.
El médico revisará a la persona enferma, palpando su abdomen, para identificar el grado de sensibilidad y distensión. Se confirmará el diagnóstico cuando se realicen estudios de rayos X, que permitan ver los tejidos internos, huesos y condición de los órganos del abdomen.
Se realizarán también exámenes de laboratorio de sangre, orina y materia fecal, para identificar la presencia de algún parásito u organismo infeccioso. Los análisis de fluidos del peritoneo, también son importantes.
Si el caso lo amerita, lo que es común, se debe realizar una cirugía exploratoria a través de una laparotomía.
El tratamiento deberá contemplar, la edad de la persona, su estado de salud general, la tolerancia a ciertos medicamentos y el avance de la enfermedad.
Principalmente se enfoca a atender la causa, sobre todo si es infecciosa como en el caso de apendicitis, diverticulitis o úlcera péptica perforada.
El tratamiento pude incluir una cirugía para reparar las aberturas del intestino y retirar el tejido dañado.
El tratamiento incluye la administración de antibióticos y en algunas ocasiones es necesario introducir una sonda nasal que llegue hasta el estómago y/o intestinos para drenar los gases y el líquido producido.
También se deben administrar líquidos vía intravenosa para evitar la deshidratación.