El cerebro o encéfalo, es el órgano más complejo y desarrollado del cuerpo humano, sin su enorme y complicado desarrollo no serían posibles las funciones que nos distinguen de otros seres vivos, como el lenguaje, el pensamiento, el razonamiento, el aprendizaje y muchas otras más.
Es el centro de la actividad intelectual y además lo necesitamos para respirar, metabolizar los alimentos y hasta para eliminar los desechos. Este órgano vital regula y coordina cada uno de los movimientos voluntarios o involuntarios, las sensaciones, emociones, y todas las manifestaciones de nuestra forma de ser son coordinadas por él.
Pero también y por lo mismo, es un órgano sumamente delicado, ya que además está formado por millones de células llamadas neuronas, que son las únicas del cuerpo que no se reponen o reproducen cuando mueren o son lesionadas.
Por todo esto, requiere de protección todo el tiempo, y por ello se ubica dentro de una caja de huesos duros que forman el cráneo, sin embargo cuando un impacto, golpe fuerte o lesión daña al cráneo de tal forma que también se lesiona el cerebro, ocurre un trauma cráneo-encefálico que siempre es considerado un problema delicado que pone en riesgo la vida o las funciones de la persona lesionada.
El daño puede manifestarse después de sufrido el golpe o la lesión y se debe a la posible inflamación o hemorragia que estas causaron.
Después de un trauma cráneo-encefálico, la persona lesionada puede presentar diferentes manifestaciones físicas y cambios mentales, de conducta y/o de personalidad.
Entre ellos están.
- Confusión hacia la identidad, la hora, el día, el lugar o el suceso.
- Pérdida del conocimiento que puede ir desde el desmayo hasta el estado de coma, que se manifiesta en que la persona lesionada no puede abrir los ojos, hablar o seguir órdenes.
- Presentación de sangrados por los oídos o la nariz.
Aunque los traumatismos cráneo-encefálicos son graves siempre, no significan que la persona tenga que morir o quedar mal, por lo que la atención inmediata profesional en un hospital es muy importante para prevenir y controlar secuelas mayores.
Es importante saber que muchas personas que ha sufrido un traumatismo cráneo-encefálico puede recuperarse de forma espontánea y natural entre los 6 meses y los 2 años después de sufrida la lesión.
Esto incluye el aprender de nuevo habilidades previas que se habían “perdido”, así como aprender a compensar aquellas que se hayan perdido. Esto se logra mediante un tratamiento de rehabilitación adecuado, cuya meta es la de reintegrar a la persona al nivel de funcionamiento más independiente que sea posible.