El sistema digestivo está encargado de procesar los alimentos que ingerimos, para separar los nutrimentos que contienen, de tal forma que puedan ser absorbidos y utilizados por cada célula del cuerpo.
Está integrado por la boca, faringe, esófago, estómago, intestino delgado, intestino recto y recto, y juntos forman el importante tubo digestivo.
Aunque no forman parte del tubo digestivo, el páncreas, el hígado y la vesícula biliar, tienen un papel muy importante en la digestión de los alimentos.
El tubo digestivo como cualquier otra parte del cuerpo, puede sufrir lesiones, infecciones o desarrollar enfermedades graves como el cáncer u otras enfermedades crónicas en cualquiera de sus órganos, cuando esto sucede todo el organismo se ve afectado por la relación e importancia de sus funciones con el mantenimiento de la vida y de la salud integral.
Alimentación inadecuada, el abuso en el consumo de ciertos medicamentos como antiinflamatorios o aspirinas, estrés, tabaquismo, alcoholismo, falta de ejercicio, presencia de microorganismos patógenos o problemas orgánicos, pueden llevar a desarrollar alguna de las muchas enfermedades que pueden afecta el sistema digestivo, con repercusiones en la salud integral.
Entre los problemas más frecuentes y que afectan a un número considerable de personas están: las gastritis, las colitis, el reflujo, la acidez, las infecciones gastrointestinales de diversos orígenes, las úlceras gástricas, y el cáncer de estómago y colon.
En el intestino también pueden presentarse problemas diversos como estreñimiento crónico o diarreas frecuentes, pólipos, divertículos, tumores y muchos otros problemas.
Como los síntomas que se presentan son parecidos en varias enfermedades, para que se pueda conocer el problema real y dar el tratamiento adecuado se requieren varios.
Para establecer el diagnóstico, además de elaborar la historia clínica y de revisar físicamente a la persona enferma, el médico puede sugerir estudios como la endoscopia de esófago y estómago o la colonoscopia para revisar el interior del intestino.
Ambos estudios se realizan por medio de un tubo que se introduce o por la boca o por en ano y como contiene fibra óptica permite ver en un monitor las características y condiciones de los tejidos de los órganos, detectando cualquier anormalidad en ellos. Otra de sus ventajas es que de forma no invasiva permite tomar muestras de tejidos para hacer biopsias y otro tipo de análisis.
Por lo general se hacen bajo sedación, duran pocos minutos y requieren de una preparación previa que molesta muy poco a los pacientes.
Para la endoscopia de esófago, estómago y primera sección del intestino delgado, se requiere solamente acudir en ayunas.
Para la colonoscopia, se necesita hacer el día anterior y lavado de intestino mediante la aplicación o toma de algún medicamento laxante y lavados caseros de intestino.