Una vez identificado el donador y el receptor, el transporte del riñón saludable se debe hacer en una solución salina refrigerada, que permite conservar el órgano hasta por 48 horas, lo que permite que se hagan los análisis necesarios para determinar la compatibilidad de la sangre y del tejido del donante y el receptor.
Para extraer el riñón al donador, la cirugía, por lo general es laparoscópica y se realiza bajo anestesia general, por medio de incisiones pequeñas a un lado del abdomen. Una vez extraído el riñón, se sutura y se le dan indicaciones al donador para prevenir infecciones y daños en el riñón restante.
La recuperación es de 4 a 6 semanas y el paciente debe evitar la actividad pesada durante este tiempo. Las suturas se retiran más o menos después de una semana.
El procedimiento para el receptor del riñón, es parecido, bajo anestesia general, se hace una incisión en la parte inferior del abdomen, se coloca y sutura el nuevo riñón en su sitio dentro de la pelvis y luego se cierra la incisión.
El receptor del riñón generalmente permanece en observación en el hospital durante más o menos una semana. Después de esto, requiere un seguimiento minucioso en la clínica de trasplantes y un control frecuente con pruebas de laboratorio. También debe establecer un régimen de alimentación y estilo de vida saludable, para evitar sobre todo las complicaciones que pueden venir de estar tomando medicamentos inmunosupresores que si bien evitan el rechazo al trasplante, disminuyen mucho las defensas del cuerpo.
Como toda cirugía, el trasplante de riñón tiene sus riesgos, entre los que están: rechazo al órgano donado, reacciones a los medicamentos, problemas relacionados con la anestesia, infecciones y/o hemorragias.
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