El intestino delgado es un músculo muy largo que mide más o menos 3 metros y medio y tiene 3 centímetros de grosor y se encuentra totalmente enroscado en la parte baja del vientre.
En su interior se realiza la absorción de los nutrimentos para pasar al torrente sanguíneo quien lo trasladará a todas las partes del cuerpo.
La absorción se realiza por medio de millones de vellitos que funcionan como popotes que absorben la sustancia líquida y la conducen a diminutos vasos sanguíneos. En este proceso también se absorben las sustancias tóxicas y algunos medicamentos que tomamos.
El intestino delgado se extiende desde el duodeno, donde recibe el quimo, o sea el alimento casi líquido y termina en un orificio que conecta al intestino delgado con el grueso.
Los alimentos ya digeridos, pasan a través del intestino delgado por medio de contracciones de la pared intestinal, llamadas movimientos peristálticos y las proteínas y los hidratos de carbono se absorben en sus capilares, mientras que los nódulos linfáticos, absorben las grasas.
De ahí, las vellosidades pasan las proteínas y los hidratos de carbono al hígado para que se produzca el proceso metabólico y los nódulos linfáticos pasan las grasas a través del sistema linfático a la corriente sanguínea.
En ocasiones, la presencia de microorganismos como virus, bacterias o parásitos como las lombrices, ocasionan molestias al intestino delgado quién para limpiarse aumenta los movimientos peristálticos y produce mucha agua, ocasionando diarrea.
La diarrea si bien es buena, porque permite la limpieza del intestino, cuando es muy abundante puede ocasionar deshidratación y hasta la muerte, por lo que las personas que la padecen deben ser atendidas de inmediato, tomar suero y abundantes líquidos y no dejar de comer.