Pulmones y diafragma

 
 
 
por: Redacción esmas
Fuente: esmas.com
 

En ellos se produce el intercambio de gases, incorporan oxígeno y expulsan bióxido de carbono

 
Al entrar el aire por la nariz o boca es dirigido hacia los pulmones y al estómago.

A los pulmones llega, por medio de la tráquea que se divide en dos conductos llamados bronquios; cada uno de ellos conecta con un pulmón.

La tráquea es un tubo móvil que está formada por más o menos 15 anillos cartilaginosos, es decir de hueso blando.

Los bronquios al concectarse con los pulmones se multiplican en muchísimas ramificaciones que se van haciendo cada vez más pequeñas, al final de cada una de ellas hay millones de alvéolos.

Los alvéolos son como esponjitas en donde se lleva a cabo el intercambio de gases, es decir el oxígeno pasa al torrente sanguíneo y el bióxido se recoge para ser transportado por el mismo camino pero de regreso, para ser expulsado por la nariz.

El movimiento de los pulmones para expanderse o contraerse se realiza gracias al diafragma, que es un músculo que está colocado debajo de los pulmones, aunque no interviene directamente en el proceso de la respiración, éste no podría realizarse sin su valiosa ayuda.

Su función es empujar a los pulmones hacia arriba para que desalojen el aire y después se afloja para permitir que se llenen de aire.

Cuando el diafragma no funciona bien, la respiración se complica. Uno de sus efectos se produce porque sus movimientos se aceleran ocasionando que se aspire y espire rápidamente y al salir tan estrepitosamente el poco aire que logra entrar a los pulmones, se produce el molesto hipo.

 
 
 
El diafragma, que se localiza debajo de los pulmones.
El diafragma, que se localiza debajo de los pulmones.
Foto: esmas.com
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