Cuántas veces hemos escuchado decir "mira lo que estoy haciendo", al presumir lo que se está haciendo, lo que se logró o lo que se pretende hacer y esto no tiene edad, condición o motivo, simplemente cuando se hace lo que se gusta o se logra lo que cuesta tanto trabajo hacer, la sensación de bienestar y triunfo es inigualable.
Este sentimiento que nos hace sentir como que el "pecho se inflama de orgullo", se llenan los ojos de lágrimas y la cara de felicidad es provocado por el deseo y la necesitad innata de ser amados, tomados en cuenta y reconocidos, y no solamente llega por los éxitos de uno mismo, sino también por los de las personas que amamos.
Esto nos permite reafirmar el concepto que tenemos de nosotros mismos y el deseo y necesidad de ser amados, desempeña un papel fundamental en la vida, ya que toda forma de aprobación y reconocimiento incrementa nuestra autoestima, al mismo tiempo que nos invita a seguir adelante y hacer mejor las cosas.
El elogio motiva, estimula y da fuerzas para enfrentar nuevos retos, pero no lo debemos esperar siempre de los demás, es más, en estos tiempos de tanta presión y estrés, los logros generalmente pasan desapercibidos por considerarse parte del "deber", mientras que los errores son resaltados y señalados con mucha mayor facilidad.
Por ello, el mejor de los elogios debe proceder de nosotros mismos, ya que cuando más contentos estemos con nosotros mismos, más y mejor nos respetarán y valorarán respectivamente los demás.
La autocrítica es necesaria, para aprender, reconocer y corregir nuestros errores, pero dudar constantemente de uno mismo, de nuestras propias capacidades, puede tener efectos desastrosos, así que todos deberíamos aprender a autopremiarnos, con una sonrisa, un halago o hasta un ¡yes! cuando hemos alcanzado un objetivo, esto no constituye ninguna afrenta a la verdadera modestia y sí nos permite conservar y fortalecer nuestra autoestima en cualquier situación de la vida.
Elige lo mejor para estar bien contigo, elige quererte