Escuchar quejas de pacientes moribundos mejora trato

 
 
 
por: Redacción esmas
Fuente: EFE
 

La calidad del cuidado de los enfermos terminales no es buena en ningún país

 
Toronto (Canadá), 23 may 2004.- Hospitales y personal sanitario pueden mejorar de forma sustancial las condiciones en las que mueren los pacientes con enfermedades terminales en todo el mundo simplemente escuchando sus necesidades.

Esta es la conclusión de un estudio del Centro Conjunto de Bioética (JCB) de la Universidad de Toronto, que considera que prestar atención en los asuntos considerados importantes por pacientes y familiares produce mejoras significativas sobre cómo las personas moribundas perciben el cuidado que reciben.

El estudio del JCB, que ha realizado una de las primeras investigaciones enfocadas a cómo mejorar la atención médica de los últimos días de vida de los pacientes terminales, será publicado el lunes por la revista británica "BMC Palliative Care"

"La calidad del cuidado de los enfermos al final de sus días no es buena en ningún país del mundo. Simplemente no prestamos suficiente atención al problema", explicó a EFE el doctor Peter Singer, director del JCB.

"Cuando solicitamos calificar la calidad de la atención, con una nota A para el trato excelente y una F para el más bajo, la media es siempre B. Si no aceptamos esa nota para cirugía cardíaca, por ejemplo, ¿por qué lo tenemos que aceptar para el cuidado de pacientes terminales", añadió Singer.

Lo que es más importante para Singer es que la solución es barata y al alcance de todos los hospitales del mundo, no sólo aquellos con mayores recursos.

"Este estudio ofrece la promesa de una forma barata de enfrentarse al problema de las calificaciones B en el cuidado terminal. Lo que se necesita, simplemente, es una comunicación más sistemática, directa e intensa del paciente con los doctores y otro personal hospitalario", explicó Singer.

El procedimiento es sencillo.

El hospital tiene que elegir a una persona entre su personal con buena disposición para escuchar a los pacientes y que sea respetado por los equipos de médicos y enfermeras.

Esa persona se encargaría de asistir de forma sistemática a las reuniones periódicas de los equipos médicos para identificar los pacientes con más probabilidades de fallecer en el hospital.

A esos pacientes, y a sus familiares, les haría unas pocas preguntas relacionadas con el cuidado que reciben y las formas de mejorar el trato para después transmitir esa información a los equipos médicos y de enfermería.

"No hace falta que sea un trabajo exclusivo, puede estar integrado en los cometidos de alguien del personal existente -puntualiza Singer-. Es un método tan simple que los hospitales pueden intentarlo y comprobar los resultados por sí mismos para ver si les funciona".

Para Singer, la razón por la que no se ha puesto en marcha un sistema como el ideado por JCB a pesar de su sencillez y escaso coste, se debe a que "nadie se siente cómodo hablando sobre la muerte, especialmente nuestra propia muerte".

"Pero el hecho es que todos morimos -continuó Singer-, es lo que todos tenemos en común. Y como no estamos cómodos con la idea de la muerte no siempre dedicamos atención al cuidado terminal. Y es una responsabilidad de los sistemas sanitarios, no de los individuos que integran los equipos médicos".

El estudio del JCB se realizó sobre 36 pacientes terminales en un hospital de Toronto y evaluó cómo las percepciones del cuidado cambiaron después de que un médico residente preguntase de forma rutinaria sobre sus preocupaciones a los enfermos y transmitiera después esa información al personal involucrado con sus cuidados.

Las entrevistas iniciales mostraron que había muchas posibilidades para mejorar el cuidado.

Los pacientes y sus familias identificaron las áreas de mejora en torno al control del dolor, mejor acceso a los médicos y a la información, más ayuda con actividades de la vida cotidiana, mejoras en el ambiente que rodea al enfermo y menores tiempos de espera en la atención proporcionada por enfermeras.

"La moraleja de este estudio es que hay que introducir en el ajetreado mundo de la medicina un proceso para escuchar de forma sistemática a los pacientes moribundos y sus familias, y a la vez responder a sus preocupaciones. El cuidado y su percepción mejora. No es alta tecnología pero funciona", señaló Singer.

 
 
 
La calidad vida de enfermos terminales no es buena
La calidad vida de enfermos terminales no es buena
Foto: AP
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