¿Llora, se aísla, no habla? Para los adolescentes, existen problemáticas que pueden llevarlos a experimentar diversas situaciones, entre ellas la depresión, que a su vez, puede llevarlos, incluso, a pensar en quitarse la vida. Esto no quiere decir que todos los problemas o dificultades que vivan sean causas de suicidio. Sin embargo, pueden ser situaciones que los trastornen al punto de pensar en él, sobre todo, si en un breve periodo de tiempo sufren la suma de situaciones adversas, conflictivas o traumáticas.
Algunas de estas situaciones pueden ser:
· Embarazo no deseado.
· Adicción a las drogas.
· Víctimas de abuso sexual o físico.
· Fallecimiento de un amigo cercano o un miembro de la familia.
· Rompimiento con la pareja.
· Víctimas de violencia familiar y/o de pareja.
· Bajo rendimiento escolar.
· Cuando no pueden estudiar en la escuela de su preferencia.
· Cuando no encuentran trabajo.
Hablar con algún familiar o amigo puede dar alivio a quien padece un problema que piensa sin solución. Para algunas personas, es más fácil hablar con alguien que no los conoce; para esto existen centros de atención que cuentan con profesionales, quienes ofrecen apoyo a personas en crisis. Lo importante es pedir ayuda y hablar acerca de lo que sucede, para tratar de encontrar la solución.
Existen signos y advertencias que avisan que un joven piensa en el suicidio. Algunas de las señales son verbales como: “ya nada me importa”; “no encuentro la salida a esto”; “no puedo seguir adelante”; o “prefiero morir que vivir así”. Todos los comentarios que denoten tristeza, ansiedad o soledad, hay que escucharlos sin el prejuicio de amenaza, por el contrario, hay que asumirlos como un aviso. Es recomendable poner atención a otras señales como:
· Irritabilidad constante.
· Aislamiento.
· Trastornos en el sueño.
· Pérdida o ganancia notable de peso en poco tiempo.
· Tristeza y llanto constante. Depresión que dure más de 1 mes.
· Repentinos cambios de ánimo.
· Comentarios frecuentes alrededor de la muerte y/o suicidio.
· Regalar objetos personales con un alto valor estimativo sin razón alguna.
· Cuando dejan de tener una rutina y dejan de asistir a la escuela o al trabajo.
No hay problemas menores o pequeños cuando no se encuentra apoyo, solución y alivio. Cuando creen que todo está perdido y que no hay más opción que quitarse la vida, los regaños y los gritos no funcionan.
Hay que buscar que la persona platique lo que le sucede, garantizarle que será escuchado sin juicios y con respeto. Quien se encuentra en una situación de crisis, necesita a alguien que lo escuche con interés y atención, no que aproveche la situación para hacer valer su autoridad por medio de sermones, castigos o insultos.
En el momento que un adolescente decide compartir lo que le sucede es importante evitar que sienta rechazo o lástima por su condición. No es suficiente decirles “todo saldrá bien”, “ya verás como mañana ves mejor las cosas”, “échale ganas” o “arriba ese ánimo”. Hay que pedir ayuda profesional, no dejarlo solo y hacerle saber que siempre hay una solución y que la pueden buscar juntos.
Muchos adolescentes piensan en el suicidio es como la única opción para poner fin a lo que padecen. El tiempo, pero sobre todo el amor, son factores importantes y decisivos; no hay amenazas sólo advertencias.