Después de un examen de rutina o luego de una enfermedad inesperada que pueda tener la madre durante el embarazo, puede aparecer un diagnóstico que pronostique una posible condición de discapacidad en el ser que se espera. Esta noticia, será significativa para la familia. Inmediatamente los padres se preguntan
¿Qué será de nuestro hijo? La pareja, y junto a ellos los miembros de las familias de origen, comenzarán a vivir una serie de experiencias inusuales, para las que ninguno estará preparado.
Rabia, tristeza, desengaño, dolor, miedo o ansiedad, son sólo algunas de las reacciones que puede tener la familia ante el hecho de tener un niño con algún tipo de discapacidad, para las cuales, es necesario estar preparados para buscar ayuda profesional, se encuentran:
-Algunos padres evitan o se distancian por miedo a no ser “capaces” del cuidado y formación del niño y dejan exclusivamente a la madre su cuidado; ésta, por su parte, es posible que asuma una condición de sobreprotección con el niño (madres heroínas), dejando su vida personal en un segundo plano, es decir, renuncia a ella como mujer por dedicarse de tiempo completo a ser madre y, sobretodo, se justifica diciendo que el niño requiere de toda su atención y tiempo, para subsistir.
-Por otro lado, esta situación con el nuevo ser, puede llevar a los padres a requerir de atención de sus familiares y de sus amigos, puesto que puede aparecer un gran agotamiento que repercute en la calidad del cuidado que se brinda al niño o niña en situación de discapacidad. Pero, simultáneamente, puede aparecer la invasión de los espacios para el descanso, ya que piensan que si no cuidan a su hijo de manera “apropiada” y permanente, lo pueden perder.
-Resentimiento y culpabilidad, es decir, aparecen preguntas tales como: ¿cuál de las dos familias será la del problema genético?, ¿quién tuvo la culpa?, ¿por qué no nos cuidamos más?
Para evitar, en la medida de lo posible, tomar decisiones equivocadas, es de gran utilidad recurrir a un profesional cuando no se sabe cómo manejar adecuadamente la situación. Esto servirá para orientar en cuanto a la formación y comprensión, no sólo de quien padece la discapacidad, sino también de quienes están a su cuidado, para que su atención sea efectiva y de calidad.
También podemos recurrir a los grupos de ayuda conformados por padres o personas que tienen a su cuidado personas en condición de discapacidad, para que entre todos intercambien experiencias y se ayuden mutuamente en las diferentes maneras de convivir con una persona en dicha condición.