La piel en general y particularmente la de la cara, el cuello y las manos está expuesta a múltiples factores que la van deteriorando más que al resto de la piel corporal. A pesar de que veamos una piel sana y bella, ésta empieza a sufrir daño, en forma irreversible por la acción del sol y sus rayos ultravioleta (UVA y UVB). Nuestro mayor enemigo y quien más influye en el proceso de envejecimiento acelerándolo en forma muy notoria, es la exposición inadecuada al sol.
Las manifestaciones clínicas ocasionadas por la exposición continua a los rayos ultravioleta durante un período prolongado, sin la debida protección, no son inmediatas y quienes se asolean en la adolescencia y al inicio de la tercera década, presentarán hacia la cuarta o quinta década, lo efectos nocivos generados en las capas superficiales y profundas de la piel debido, en su mayoría, por la degeneración celular.
Lo anterior ocasiona diversas lesiones que van desde hiperpigmentaciones (manchas) hasta el llamado fotoenvejecimiento; actualmente se sabe que éste último es un proceso acumulativo que se inicia desde temprana edad, y no es exclusivo -como se pensaría- de las personas mayores o ancianas.
Paulatinamente se van presentando cambios en la apariencia y la función de la piel, tornándose ésta más áspera, más arrugada, con pérdida de la elasticidad y por lo tanto más flácida.
El envejecimiento cronológico natural produce arrugas finas y a pesar de ello la piel continúa siendo suave y lisa, en cambio en el deterioro ocasionado por la exposición al sol, las arrugas se tornan más marcadas y profundas, así mismo se intensifica la flacidez cutánea y la piel se percibe seca y con una coloración amarillenta.
Por lo cual resulta de vital importancia, proteger la piel cada vez que esta expuesta al sol, eligiendo para ello un protector solar con cobertura tanto para radiaciones UVB como para radiaciones UVA. En el caso de pacientes con piel grasa y/o con acné, es fundamental elegir formulaciones no comedogénicas evitando de ésta forma el desarrollo de comedones (espinillas). Para lograr un efecto adecuado el fotoprotector deberá aplicarse diario entre 20 a 30 minutos antes de la exposición solar para que pueda ser absorbido por la piel y pueda ejercer su efecto a plenitud. En caso de sudoración excesiva deberá reaplicarse en éstas áreas.Sin embargo es importante que recuerdes siempre consultar a tu dermatólogo.