Investigadores descubrieron que tratar una herida facial en las primeras etapas de cicatrización con la toxina botulínica (BOTOX®) mejora la apariencia de la misma más adelante.
"Nuestros resultados revelan que la toxina botulínica ofrece un medio adicional para prevenir la formación de cicatrices indeseables", comenta el Dr. Holger Gassner, investigador principal del estudio, antiguo residente quirúrgico de Otorrinolaringología en una reconocida clínica de investigación y ahora fellow en Cirugía Plástica Facial en la Universidad de Washington en Seattle.
"En primer lugar, nos brindará la alternativa de perfeccionar la cicatrización de las heridas en la frente, y posiblemente nos permitirá evitar posteriores cirugías para mejorar la apariencia de las cicatrices".
El Dr. Davis Sherris, investigador del estudio, antiguo especialista en otorrinolaringología y actual Presidente de Otorrinolaringología de la Universidad de Nueva York en Buffalo, añade:
"Se ha encontrado el primer medicamento para reducir al mínimo las cicatrices. Esto es de fundamental interés en el campo del tratamiento de las cicatrices porque cuando se produce una, especialmente en la cara, la gente siempre se preocupa. Ahora podemos intentar mejorar las cicatrices con estas inyecciones".
Los investigadores descubrieron que una inyección de la toxina botulínica administrada poco después de producida la herida, por ejemplo después de la mordedura de un perro, un accidente automotriz, un asalto, una biopsia para cáncer de piel o la extirpación del mismo, paraliza la zona y crea una superficie lisa en la cual la herida puede cicatrizar.
Esto previene que el movimiento muscular arrugue el sitio de la herida, brinda una superficie plana para el proceso de cicatrización y ofrece una cicatriz más lisa como resultado. El mismo proceso también serviría para extirpar quirúrgicamente una cicatriz antigua desagradable, pues se inyectaría la toxina botulínica en la herida al momento de la revisión quirúrgica de la cicatriz.
"Es por esto que nuestros resultados con la toxina botulínica son tan promisorios", acota el médico. "Por primera vez, ahora podemos eliminar los efectos musculares en el proceso de cicatrización durante los primeros dos o tres meses después de producida la herida".
Según el Dr. Gassner, las cicatrices faciales pueden tener un efecto marcado en la calidad de vida del paciente. "En general, sabemos que las cicatrices pueden causar problemas funcionales: pueden interferir con el cierre de los ojos, habla o ingesta de alimentos", indica.
"También pueden tener un impacto psicológico profundo; por ejemplo, la vida de una persona que después de un accidente queda con una cicatriz importante, puede alterarse profundamente ya que talvez se deprima y aísle socialmente".
Los músculos pueden distorsionar repetidamente las heridas durante la fase de cicatrización, lo que resultaría en una inflamación que produce una cicatriz más gruesa y ancha. Esto es un problema, especialmente con las cicatrices que cruzan el movimiento de un músculo en la cara, en lugar de yacer paralelas al movimiento del músculo, cosa común en los cortes producidos por mordeduras caninas o accidentes automotrices, explica el Dr. Anthony Brissett, co-investigador del estudio, que ahora es director de Cirugía Plástica y Reconstructiva de Cara en Baylor College of Medicine en Houston.
Las técnicas para reducir las cicatrices, diseñadas para disminuir los efectos de la tensión muscular sobre la herida y para mejorar la apariencia final de la cicatriz implican colocar puntos especiales que halen la herida y colgajos locales que traigan piel adicional al lecho de la herida. Las inyecciones de la toxina botulínica administradas en la herida difieren de esto porque inhiben la tensión muscular en primer lugar, señala el Dr. Clark Otley, otro co-investigador del estudio.
De acuerdo al Dr. Sherris, los efectos colaterales fueron mínimos con las inyecciones de la toxina botulínica, e incluyeron hematomas ocasionales en el lugar de la aplicación o dolor de cabeza. El mayor riesgo potencial al inyectar la sustancia en el área facial sería la parálisis transitoria de una función importante.
Por ejemplo, indica que un médico no querrá inyectarla en el párpado ya que eso le impediría a este cumplir con su función de protección del ojo. Los pacientes que participaron en el ensayo también presentaron efectos colaterales positivos, tales como "buenas ventajas para las arrugas", comenta el Dr. Sherris, debido a que la cantidad usada para tratar las cicatrices es similar a la que se emplea para tratar las arrugas.
Los investigadores tomaron a cargo este ensayo después de ver resultados importantes en la cicatrización de heridas con la toxina botulínica en un estudio de investigación básica. En el ensayo con humanos, los investigadores reclutaron pacientes con heridas en la frente, producto de traumatismos tales como accidentes vehiculares o cirugías para extirpar cánceres de piel.
Se seleccionaron las heridas en la frente para el estudio porque este es un lugar frecuente para cicatrices faciales. Los pacientes se asignaron al azar para recibir inyecciones con la toxina botulínica o con solución salina, sustancia benigna utilizada para comparar. Se fotografiaron las heridas de todos los 31 pacientes al iniciar el tratamiento con las inyecciones y nuevamente seis meses después de la primera dosis.
Dos cirujanos faciales con experiencia calificaron la apariencia de las heridas con una escala en la que cero correspondía a la peor apariencia y 10 a la mejor. No se informó a estos asesores sobre cuál tratamiento recibía cada paciente. Los investigadores promediaron las calificaciones de los dos cirujanos para asignar un puntaje final a la apariencia de la cicatriz de cada paciente. Descubrieron que los cirujanos plásticos faciales calificaban los resultados estéticos de las heridas inyectadas con la toxina botulínica más favorablemente que las heridas inyectadas con solución salina.
La puntuación de la mediana para las heridas inyectadas con la toxina botulínica fue de 8,9 comparado con una mediana de 7,1 para aquellas inyectadas con solución salina, lo que según los investigadores constituye una diferencia importante en la apariencia.
A pesar de que las inyecciones de la toxina botulínica se encuentran disponibles en los consultorios médicos locales en todo el país, las inyecciones no han recibido aún aprobación para este uso por parte de la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA).
El siguiente paso en esta investigación, según el Dr. Sherris, sería conducir un ensayo multicéntrico, fase III, con cientos de pacientes para determinar la dosis adecuada de la toxina botulínica; descubrir si las inyecciones son útiles para lograr mejor cicatrización en otras partes del cuerpo, como las heridas de las cirugías cardíacas; y, contar con más hallazgos para presentar a la FDA a fin de obtener aprobación para este tratamiento.