El trabajo no lo es todo

 
 
 
por: Fundación México Unido/Redacción
Fuente: esmas.com
 

La vida social, de pareja y personal se ve afectada por esta adicción

 
Hace apenas unos días, la actriz Angélica Vale tuvo que suspender las grabaciones de la telenovela en la que actualmente participa, debido a una infección intestinal. Lo agresivo de la enfermedad se debió, principalmente, a que sus jornadas laborales se prolongan hasta 15 horas.

Durante una entrevista televisiva, la actriz reconoció que padece uno de los nuevos males que sufren quienes laboran en las urbes industrializadas: es adicta al trabajo. Este mal, que en principio puede parecer una virtud, puede ocasionar graves consecuencias tanto físicas, psicológicas y sociales.

La adicción al trabajo es un mal que se extiende rápidamente, pues aunque parece inofensivo, no sólo puede destruir las relaciones sociales, sino deteriorar la salud hasta desencadenar enfermedades derivadas del estrés que pueden provocar la muerte como es el caso de los infartos.

Los adictos al trabajo o workaholics centran su vida en el aspecto laboral en el que generalmente se distinguen por ser exitosos, mientras que en el aspecto personal y emocional suelen ser infelices.

Aunque esta patología siempre ha existido, apenas se comenzó a estudiar en los años ochenta, con la aparición de los yuppies. La mayor parte de quienes la padecen son profesionistas con altos puestos, que tienen entre 35 y 40 años de edad.

Según una encuesta realizada en 1995 por la Asociación Internacional de Investigación (INRA), los estadounidenses y europeos dan la misma importancia o más al trabajo, que al tiempo libre. Otros datos revelan que 10% de las muertes masculinas en Japón están vinculadas a la actividad laboral.

Según la psicóloga y maestra en Programación Neurolingüística, Rosa María González, los adictos al trabajo son personas perfeccionistas que tienen la necesidad de tener el control, por lo que prefieren realizar labores de manera individual sobre aquellas que requieren trabajo grupal. Además, presentan baja autoestima.

Los motivos que detonan esta adicción son variados e incluyen la fuerte presión social por conseguir el éxito laboral o el temor a perder el empleo, el exceso de ambición, la incapacidad para negarse a realizar tareas extra asignadas por algún superior o un ambiente familiar insatisfactorio. El resultado en todos los casos, es el deterioro de la calidad de vida del paciente.

Esta adicción se deriva en padecimientos que pueden ocasionar, incluso, la muerte del adicto. Esto se debe al poco tiempo que dedica al descanso, al cuidado de su salud y alimentación, a la familia, así como a los altos índices de estrés a los que se somete. Incluso, en casos crónicos, el sueño y la diversión son calificados por el adicto como pérdidas de tiempo, las vacaciones se convierten en una pesadilla que se contrarresta llevándose la laptop para seguir trabajando o haciendo llamadas a la oficina.

Los síntomas físicos incluyen ansiedad crónica, úlceras, gastritis, colitis y, en casos extremos, infartos. Incluso, el paciente puede presentar el síndrome de Karoshi o de Fatiga Crónica que ocasiona una muerte repentina como consecuencia de una hemorragia cerebral, insuficiencia cardiaca o respiratoria.

En el ámbito social, las relaciones familiares del workaholic se pueden deteriorar hasta llegar a la ruptura.

Aunque lo más lógico es que se piense que estos enfermos pasan muchas horas en el lugar de trabajo, esto no ocurre necesariamente. La especialista explica que basta con que el individuo esté pensando todo el tiempo en sus labores y que su círculo social se limite a sus compañeros de oficina. También es frecuente que sus pláticas se centren sólo en su asuntos de trabajo.

Como en la mayor parte de las adicciones, el workaholic difícilmente reconoce que está enfermo. Sin embargo, admitirlo, es el primer paso hacia una recuperación de sus relaciones familiares, su salud, su alegría…su vida. Para lograrlo, debe acudir con un especialista, que lo ayuden a modificar su escala de valores. El trabajo dejará de ser la prioridad, mientras su familia, amigos, esparcimiento y salud, serán revalorados y tomarán un lugar importante en su vida.

La terapia, afirma Rosa María González, no implica que el adicto al trabajo deje su empleo, sino que construya una relación sana con éste: “La meta es que el individuo realice una interiorización para que revalore otros aspectos de su vida que pueden darle satisfacciones como ser humano”.

Reencontrarse con sí mismo y con sus seres queridos será la mejor recompensa sobre cualquier puesto laboral o remuneración económica porque después de todo trabajamos para vivir, amar y ser felices.

 
 
 
Hay gente que trabaja 15 o más horas diarias.
Hay gente que trabaja 15 o más horas diarias.
Foto: esmas.com
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