Se calcula que en nuestro país 18 millones de personas fuman y que muchos millones más son afectados por el humo del cigarro.
Por ello, el tabaquismo se ha convertido en uno de los principales problemas de salud pública, debido a los diversos efectos nocivos que provoca en el organismo.
Por ejemplo, el tabaco es el principal causante de enfermedades relacionadas con el aparato respiratorio que van desde la resequedad nasal hasta el cáncer.
La nariz es la puerta de entrada del aparto respiratorio y en condiciones normales, calienta, filtra y humidifica el aire que pasa por ella con dirección a la garganta y a los pulmones.
El humo del cigarro es uno de los principales factores que provocan que esta función no se realice de forma correcta, ya que éste reseca la parte interna de la nariz produciendo un estancamiento de las secreciones, moco, lo que facilita la proliferación de bacterias e incluso de infecciones.
Por ello, es necesario que los fumadores y las personas que están expuestas al humo del cigarro, hidraten de forma constante su nariz, con la finalidad de evitar futuras complicaciones.
De acuerdo con los expertos, el mejor tratamiento para evitar la irritación y la resequedad nasal es utilizar un humectante nasal a base de Cloruro de sodio-glicerol, cuyo uso no causa efectos secundarios en ningún grupo de la población. Además, recomiendan beber por lo menos dos litros de agua pura al día.
Los ancianos y las personas con enfermedades respiratorias o cardiacas son quienes corren mayores riesgos al recibir, involuntariamente, el humo del cigarro. Además, si una madre fumó durante el embarazo, los lactantes tienen el triple de probabilidades de fallecer a causa del síndrome de muerte infantil súbita.
Así mismo, a causa de la exposición al humo del cigarrillo, los niños menores de un año son quienes encabezan los ingresos a los hospitales por enfermedades respiratorias.
El tabaquismo involuntario aumenta los riesgos de que un menor padezca neumonía, bronquitis, amigdalitis e infecciones de oído.