Resultados de un análisis presentado recientemente en el Congreso Mundial de Cardiología de Barcelona demuestran que personas que sufrieron un ataque cardiaco reciente y tomaron un nuevo medicamento, sufrieron hasta 46 por ciento menos ataques cardiacos subsecuentes que aquellos que tomaron una dosis de un medicamento tradicional.
A nivel mundial, la enfermedad cardiaca es la responsable de siete millones de muertes al año. En México las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte, mientras que en Estados Unidos los padecimientos cardiacas ocasionan una de cada cinco muertes.
Se estima que 865,000 personas sufren de un nuevo ataque cardiaco o uno recurrente cada año, según los datos obtenidos de la Asociación de Cardiología Americana (American Heart Association).
El impacto económico de los ataques cardiacos y las embolias cerebrales tan sólo en Estados Unidos suma casi 403 mil millones de dólares en atención médica y productividad perdida anualmente. A nivel individual, los ataques cardiacos y las embolias cerebrales con frecuencia son experiencias devastadoras para el paciente y su familia. Evitar un ataque cardiaco significa evitar la hospitalización, un largo periodo de recuperación y semanas o meses de tiempo de trabajo perdido, asociado con la discapacidad.
Adicionalmente, el nuevo medicamento redujo de manera considerable en estos pacientes el riesgo de muerte, embolia cerebral, angina de pecho inestable y revascularización, hasta en un 18 por ciento, en comparación con los antiguos tratamientos.
Este análisis se basó en el estudio IDEAL (Disminución incremental en puntos finales a través de una reducción agresiva en los lípidos o Incremental Decrease in Endpoints Through Aggressive Lipid Lowering por sus siglas en inglés), que realizó un seguimiento médico en 8888 pacientes durante 4.8 años, la observación más larga hecha en pacientes que han sufrido recientemente un ataque cardiaco.
Desde la introducción de este medicamento hace más de nueve años, su seguridad y eficacia han sido soportados a través de un programa de estudios clínicos extensivo, con más de 400 estudios, en los que han participado más de 80,000 pacientes.
Ésta es la terapia de reducción del colesterol que más se receta en el mundo, con una experiencia de 121 millones de pacientes. El médico es el único especialista indicado para prescribir el tratamiento adecuado en cada caso.