La depresión más que ser un mal rato, corresponde a un padecimiento que afecta aproximadamente 5 millones de mexicanos, según la Encuesta Nacional de Salud Mental 2003 (ENSM 2003). Detectarla es un primer paso hacia la construcción de una vida más sana y plena.
Los principales síntomas incluyen falta de autoconfianza, problemas de sueño (ya sea debido a dificultades para dormir o por pesadillas), indecisión, irritabilidad, llanto fácil, cansancio, falta de interés en actividades que la persona antes disfrutaba, y en caso extremos, ideas de muerte.
El origen de este padecimiento puede ser físico debido a un desequilibrio en los neurotransmisores (sustancias que transmiten electricidad entre las células cerebrales) o por factores hormonales. También, pueden incidir situaciones estresantes como la muerte de un ser querido, el diagnóstico de una enfermedad crónica, dificultades financieras, separación de la pareja o pérdida de trabajo.
La depresión puede ser confundida por estado de desánimo tanto por quien la padece como por sus familiares y amigos. “Por lo regular, la persona enferma no pide ayuda, pues cree que sólo atraviesa una etapa pasajera de tristeza, la cual debe enfrentar sola. Al mismo tiempo, en muchas ocasiones, los familiares, compañeros y amigos no alcanzan a valorar la dimensión de este padecimiento y tratan de animar al enfermo para que deje atrás esos ‘sentimientos negativos’, sin darse cuenta de que es necesario el apoyo de un especialista que determine las causas y el tratamiento a seguir, dependiendo de cada caso”, explica la psicóloga Yoselín Pérez.
Por ello, los seres queridos del paciente suelen sentir una gran frustración ya que, pese a todos sus intentos por hacerlo reír, no lo logran. Para evitarlo y realmente ayudar a la persona que sufre depresión deben comprender que ésta es una enfermedad que no se cura con “echarle ganas”, sino con tratamiento profesional.
Cuando la persona con este enfermedad está dispuesta a superarla, debe acudir con un psiquiatra que determine la causa y partiendo de ahí, brinde un tratamiento adecuado.
Establecer un vínculo adecuado con el especialista es fundamental para que la terapia funcione, así como la decisión que tenga el paciente para iniciar y mantener el tratamiento. Entonces, comienza un arduo trabajo donde la persona se conoce de manera profunda, reconoce sus virtudes y aciertos, así como los ángulos que requiere fortalecer de sí mismo para evitar una nueva recaída.
“En este sentido -subraya la especialista- es necesario que el paciente profundice en quién es y hacia dónde quiere ir, trabaje los problemas presentes y pasados no resueltos y reconozca sus capacidades, las cuales debe aprovechar para superar la depresión”.
Aunado a esto, el apoyo de familiares y amigos es el antídoto para la depresión, pues si bien la recuperación del paciente requiere justamente de un fortalecimiento personal, sentir el amor y comprensión de sus seres queridos es de gran ayuda, ya que entre más herramientas se tengan, el camino hacia la recuperación será menos doloroso y más rápido.