En 1998 se introdujo al mercado mundial el citrato de sildenafil, el primer medicamento oral para tratar la disfunción eréctil (DE), que dio un nuevo giro a la forma de entender este padecimiento. A tal grado que algunos especialistas han señalado el desarrollo científico de esta molécula, como una revolución sexual.
El popular tratamiento para la disfunción eréctil de Pfizer, hizo su aparición como muchos otros grandes descubrimientos, a través de la serendipia, ya que en su origen, los científicos estaban probando la sustancia activa del medicamento para pacientes con problemas cardiacos.
Según las investigaciones, el citrato de sildenafil, a pesar de presentar efectos benéficos para el corazón y demostrar su seguridad, no cumplió con las expectativas generadas al inicio del estudio. Los hechos llevaron a los investigadores a retirar las muestras del medicamento proporcionadas a los voluntarios del estudio.
Al principio, las personas en quienes se probaba la nueva sustancia no regresaban las muestras, y utilizaban para ello pretextos tan absurdos como “se me cayeron por el tubo del drenaje”. Esta situación se generalizó entre todos los participantes, lo que llevó a los científicos a investigar lo que sucedía.
Los resultados fueron espectaculares: el medicamento tenía la capacidad de facilitar erecciones más firmes, ya que actuaba como inhibidor de la Fosfiodiesterasa 5, lo que permitía la dilatación de los cuerpos cavernosos del pene para que estos se llenasen de sangre.
El descubrimiento fue más allá, las erecciones sólo se presentaban acompañadas de un estímulo sexual y de manera natural, lo que hacía del medicamento una opción de tratamiento no invasiva. Este hecho marcó la diferencia con las inyecciones o las bombas de vacío.
La revolución se pintó de azul.
El surgimiento del medicamento de Pfizer, además de resolver un problema en específico, como la disfunción eréctil, fue uno de los detonantes de discusiones en torno a la medicina y salud sexual, incluso influyó en el leguaje médico, cambiando el término “impotencia” por el concepto “disfunción eréctil”.
Se descubrió también que alrededor del 70 por ciento de los casos de DE eran de origen orgánico, no psicógeno como se creía, y que alrededor del 55 por ciento de los hombres mayores de 40 años presentan algún grado de dicho padecimiento, lo cual revela que en muchas ocasiones los problemas de erección son el síntoma de enfermedades crónico degenerativas, como la diabetes o la hipertensión arterial.
Hoy en día se afirma que más de 27 millones de hombres en el mundo han tomado el tratamiento oral para la disfunción eréctil de Pfizer, fortaleciendo su vida sexual.
Y así, la famosa pastillita azul, que recientemente cambió de empaque, se convirtió en un excelente aliado de la salud sexual masculina.