En medio de una dieta, todos buscamos el alimento ideal que sea sano y bajo en calorías, pero al mismo tiempo delicioso. Un ejemplo perfecto de que esto sí es posible es el yogurt. Se trata de una inclusión provechosa en la dieta cotidiana pues proporciona nutrientes difíciles de encontrar como el potasio, junto con un cremoso sabor que, en el caso de un yogurt light, difícilmente sobrepasa el límite de las 100 calorías.
El yogurt resulta ideal en la dieta durante el embarazo, debido a que en la gestación es frecuente que la mujer desarrolle problemas de estreñimiento o de hemorroides. Contiene lacto bacilos que facilitan la digestión y evitan el estreñimiento, además de permitir una mejor absorción del calcio.
Las proteínas del yogurt son más fáciles de digerir que las de la leche, las proteínas fortalecen los músculos y además contiene calcio, potasio y fósforo. Es una fuente extraordinaria de vitamina B-6, B-12, B-3 (niacina) y ácido fólico. Sólo 220 gramos de yogurt contienen entre el 35 y 40 por ciento de nuestra cuota diaria de calcio.
Los yogurts se elaboran a partir de leche pura fresca de vaca. La leche, después de pasteurizada, es fermentada por medio de los cultivos propios del yogurt -Streptococcus thermophilus y Lactobacillus delbrueckii- los cuales le dan su consistencia y delicado sabor característicos.
Otra de las cualidades que lo distinguen es que se trata de un alimento de fácil digestión y no causa malestares a aquellas personas con intolerancia a la lactosa.
Además los yogurts ofrecen los beneficios propios de la leche como son:
- Proteína de alto valor biológico (nutricional).
- Grasa parcialmente insaturada, que proporciona energía.
- Vitaminas y minerales en grandes cantidades, como el calcio, necesario para evitar la osteoporosis.
Además ahora se pueden elegir de varios sabores, al natural y combinarlos con cereal, fruta o consumirlos como helado o postre.